A la deriva, en la propia corriente

Versos sobre lo que se descubre poco a poco en el mar de la vida.

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Cómo escribí a mediados de octubre de 2008 en mi antiguo Space:

Dedicado a la esperanza que se mantiene día a día, dando fuerzas para afrontar, como mejor se pueda, los días que vienen, las tareas que se presentan y alcanzar, a pesar de las consecuencias, las oportunidades que se presentan, instantáneas y fugaces, una vez en la vida.

 

A la deriva

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En el océano infinito y azul
viven más barcos
de los que se puedan imaginar.
Bajo el sol dormita el gandul
mientras trabaja el esforzado
y el viejo los observa sin prisa.

Los jóvenes, sin experiencia,
hinchan sus velas sin penas,
ignorando las consecuencias
de atracar en tantas dársenas,
aquellas que escaparon de su memoria.

Bajo el sol de la tarde
arden los naufragios tristes.
Y lloran padres y madres,
que velas negras visten,
cubriendo penas salvajes.

En el océano infinito y rojo
viven todos los barcos,
y los que se puedan imaginar.
Bajo el trueque del ojo por ojo,
las almas que siguen amando,
bajo cañonazos, se hundirán.

Los amantes, empujados por un viento
de todos los colores y ninguno,
descubren al otro sus sentimientos,
deseando fundirse en uno
y poder sentirse completos.

Y en la noche, bajo la luna,
viejas proas amigas se encuentran.
Beben y discuten sin ayuda
con la sola intención de demostrar
que son amigos aunque discutan.

Y en las tumultuosas agua de la madrugada
hay barcos que se esconden tras su popa,
mientras la razón de sus suspiros baila una balada.
Tanto les duele esconderse tras la roca escabrosa
llamada ira, el hada de ojos rojos y negras alas,
que tras años de convivencia con ella a solas
ven que, aparte de la ira, no les queda nada,
y acompañados del hada negra, lloran.

Pero también existen barcos de grandes velas
que allá por donde pasan crean altas olas,
que arrastran con fiereza los barcos que los rodean
y que prohíben con una sonrisa sentirse a solas
e infunden, en las velas de todos, su propia fuerza.

Son tantas y más cosas
las que aguardan,
terribles o maravillosas,
en el océano infinito y verde
del descubrimiento y la esperanza.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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