Para Flor del Pensamiento

Cómo escribí a mediados de septiembre de 2008 en mi antiguo Space:

Sé y entiendo perfectamente que lo siguiente va a ser igual de cutre que los resultados de la mayoría de cosas que me he propuesto en la vida. Pero, la verdad, no se me ocurre otra manera, si no, ya lo hubiera hecho. En fin, ni siquiera tengo la seguridad de que esto vaya a ser leído por la persona a la que va dirigido, ni tampoco si sobreviviré a las burlas de mis amigos, pero en fin, después de aquella larga conversación de camino a la discoteca de siempre pero atenazado por un frío inconfundible y partiendo de un edificio totalmente distinto, sentí que esa despedida, potencialmente para siempre, era, valga la redundancia, demasiado característica mía como para dejarla así.

No sé, realmente lo único que tenía que añadir es que, pase lo que pase, me las ingeniaré para no olvidar tu cumpleaños.

 

Para siempre, tú

Pasé un verano con tus fotos rotas,
olvidando tu risa, tu voz y tu certera
manía de decir la verdad.
Sin la venda cegándome ante la realidad
creí ver mi próxima carretera
en la facilidad de dejarte sola.

Desengañado, molesto y dolido
era tan fácil hacer como que no te había oído.
Siempre necesitado en otro sitio
y tú, con el corazón dolorido.

El dolor era real, el enfado también,
pero perdí sin darme cuenta
la cuenta de tus ofensas,
creciendo un poco al comprenderlas,
al verlas, cautivas de la amistad.

¡Qué extraña cualidad humana es
esconder la razón por la que
a uno se le llama amigo ante aquel
que se alegra de llamarte así!
Si no me ves en esa labor hábil
tal vez sea porque yo soy así.

Ignorante consabido por mis amigos.
En retrospectiva, ¡menudo espectáculo!
Sin entender lo que había dicho
ni el dolor que sentíamos como uno.

Y con la brisa de un nuevo otoño
llegaron los vientos de cambio,
la bienvenida desconexión
del odio sin razón ni corazón.
Con tan sólo algo de comunicación,
¡jamás hubieran pasado aquellos meses locos!

Ahora bien, no puedo desear cambiarlo,
tan sólo si así no te hubiera dañado,
pero lo aprendido, al valorarlo,
me pesa más que el material dorado.

Me despido, Flor del Pensamiento,
dándote una vez más las gracias,
deseándote la mejor de las vidas
al lado de tus niños y niñas
y ofreciéndote cualquier día un café
allá donde esté, pues, tomando las palabras de un gran Serrano:

“No estarás sola,
siempre habrá quien te ayude a hacer las mudanzas,
quien te regale manos, flores, presencias sin pedir nada.
Y allí estaré para amarte,
y aunque no esté,
allí estaré para amarte.”

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