Volviendo del viaje

Cómo escribí a finales de mayo de 2008 en mi antiguo Space:

Ahora que se acercan, una vez más, los exámenes, no es de extrañar que regresen las musas, de igual manera que las amantes inoportunas regresan un mal día. No termino nunca, sin embargo, de atraparlas lo suficiente como para terminar la típica historia o escrito que empiezo para celebrar su regreso. Sin embargo, volver a tener ganas de escribir suele acarrear otra acción: releer viejos archivos.

Y es exactamente eso lo que me llevó a descubrir el pequeño relato que dejo a continuación. Se nota, se siente incluso la intrusión de una canción de Ismael Serrano, “Canción de amor propio”, que puso palabras e incluso sentimiento a un momento ciertamente difícil, pero que me ha recompensado grandemente, de hace unos meses (más o menos lo que lleva esto muerto…). Como siempre, después del relato, la canción y la letra de la canción.

Un trecho del viaje

Nunca fue más fácil decir quién era. Tras tantos viajes, tras tantas vueltas y giros, hace poco que llegué por fin al final del camino. No me llevó a Roma este camino, sino a pequeñas verdades que juntas se esconden bajo uno escudo de piel. Este escudo no lo romperán ya las tontas palabras que como lanzas se me clavaban ayer, cuando el año todavía era joven, y el primero de sus doce hermanos todavía no había muerto.

Saltando desde el alto de una torre, al mirar a través de cada ventana, descubrí las escenas que realmente merecían la pena, las diminutas vidas que a cada momento suspiraban en mi alma, meneando la cabeza de un lado a otro cuando veían mis manos trabajar sin un pensamiento detrás, al ver mi boca dejar escapar palabras que no tenían un dueño, que no tenían cuerpo.

Con los ojos abiertos remonté el vuelo, y ahora estoy al mismo tiempo entre las nubes y andando por el suelo. Ahora descubro verdades sin ni siquiera mirar; antes escuchaba las voces, ahora distingo las palabras; antes pensaba en las razones, ahora, las encuentro tiradas por el suelo, pisoteadas por los caprichos de una condición humana débil y olvidadiza con los fallos propios, y que recuerda con demasiada lucidez los errores ajenos.

Recuperando las viejas y buenas manías, redescubro con una sonrisa antiguos sueños que pueden dejar de serlo, pero que mantendrán la esperanza y el fuego que se me ha querido arrebatar. Se ha convertido en un momento en la quintaesencia del presente, en la razón de la lucha contra los que pretender hundir mis sueños y esperanzas; no se dan cuenta de que al haberme dado realidad me han dado también el lugar en el que apoyarme cuando salte por encima de sus cabezas huecas, de sus almas vacía y llenas de ecos de esos pasados que son incapaces de aprender, que son incapaces de añadir a su ser, y que les atormentan por las noches, en soledad con su almohada, que lanzan a los que llaman sus amigos como fantasmas, con la vana esperanza de que compartir se vuelva sinónimo de curar, se vuelva olvidar, olvidando el lugar de donde todos sus pesadillas vienen.

No quiero gritar que no les necesito, a pesar de que para mi no hay mayor verdad que esa, pues no pretendo ahondar aún más en su herida; son tan felices en su mundo prefabricado de límites ya plantados que no pretendo que miren por encima de sus barreras de espino y me vean allí bailando, disfrutando de la lluvia de la esperanza, de la nieve del aprendizaje, ni del calor de la autosuficiencia.

Canción de amor propio

A veces me desdoblo y me digo al oído:
“¡Qué bueno respirar, sentirte vivo!
¡Qué bueno que te cruces por mi camino!”.
Rodeado de un espejo circular,
soy feliz con esta esquizofrenia tan particular.

¡Qué grato es encontrarme vaya donde vaya!
Por más que me cuento mis chistes
siempre me hacen gracia.
Si me voy, si me duermo, la vida se apaga.
¡Qué potra saber que siempre me seré fiel!
¡Qué suerte desde un principio caerme tan bien!

Y voy y me levanto cada mañana,
feliz y seguro.
Me hago el desayuno,
me lo sirvo en la cama,
y allá voy,
menudo soy,
me dedico un arrechucho:
sexo seguro,
sin riesgos, sin contemplaciones,
dudo que nada me satisfaga mejor que un servidor,
menudo soy para el amor.
Y que le voy a hacer si la gente
me condenó al olvido, a ser autosuficiente,
si con eso sobrevivo, que no es poco,
mejor loco que mal acompañado.

¡Qué bonita, qué divertida es conmigo la convivencia!
¡Descojonarme de mi última ocurrencia!
Y esperarme despierto, vuelva a la hora que vuelva,
o cocinar para mí mi plato favorito,
no encontrar en el baño más pelos que los míos.

Sólo yo controlo, sólo yo determino,
mis hábitos de higiene.
Lloro en mi hombro cuando nadie me entiende.
Si me siento solo miro a la luna,
me juro amor eternamente.
Rodeado de un espejo circular,
soy feliz con esta esquizofrenia tan particular.

Y voy.

ANY CHARACTER HERE

Y voy y me levanto cada mañana,
Feliz y seguro.
Me hago el desayuno,
me lo sirvo en la cama,
y allá voy,
menudo soy,
me dedico un arrechucho:
sexo seguro,
sin riesgos, sin contemplaciones,
dudo que nada me satisfaga mejor que un servidor,
menudo soy para el amor.
Y que le voy a hacer si la gente
me condenó al olvido, a ser autosuficiente,
si con eso sobrevivo, que no es poco,
mejor loco que mal acompañado.

Y voy y me levanto cada mañana,
feliz y seguro.
Me hago el desayuno,
me lo sirvo en la cama,
y allá voy,
menudo soy,
me dedico un arrechucho:
sexo seguro,
sin riesgos, sin contemplaciones,
dudo que nada me satisfaga mejor que un servidor,
menudo soy para el amor.
Y que le voy a hacer si la gente
me condenó al olvido, a ser autosuficiente,
si con eso sobrevivo, que no es poco,
mejor loco que mal acompañado.

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