En tan sólo dos segundos…

Un estado de ánimo inmediatamente posterior a soltar cuatro palabras muy importantes.

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Cómo escribí a mediados de enero de 2008 en mi antiguo Space:

Si he de ponerle un adjetivo al estado de ánimo que me recorre ahora mismo, no sería capaz. Sería una extraña mezcla entre la tranquilidad, el desahogo, la incertidumbre, el miedo y un toque, ciertamente débil, de esperanza y anticipación. Trato de no sucumbir a la oscuridad y de mantenerme sereno y confiado, aunque la aceptación de una oscura probabilidad que es en realidad la única no creará en mi mayor desasosiego que el de la verdad que ha sido aceptada desde el principio. La aceptación casi oriental que he desarrollado a lo largo de la vida hacia las cosas que considero están fuera de mi alcance para cambiar hacen de estos momentos algo más fácil de sobrellevar, aunque plantean la inquietante duda, la terrible posibilidad de haber intentado algo más.

Evidentemente, esa posibilidad ya no tiene importancia, pues el pasado, por su propia definición, pertenece a la baldosa de atrás, al peldaño inferior que tan sólo está ahí para partirnos la espalda si es que damos un traspié y caemos escalera abajo. Es por eso que el pasado lo mejor es mantenerlo atrás y mantenerlo sin obcecarnos mucho en ello. Está ahí para apoyarse en ello si necesitamos un impulso extra, pero no para recorrerlo mientras se sigue ascendiendo, por que el que no mira las escaleras, e incluso alguno y alguna que lo hace, termina por tropezar cuando se va borracho de presente.

Hay un cierto vacío al darme cuenta de que muchas de las canciones que antes más cuerdas tocaban en mi alma, ahora son las palabras de un pasado amargo, o las de un desconocido con el que, en cierta parte, pero no del todo, me puedo identificar. Y me resulta increíble como apenas dos segundos, como cuatro palabras pueden cambiar tanto el interior de una persona, y con ello, su mundo, lo que ve y lo que deja de querer oír. No hay reflexiones profundas ni frases para enmarcar; no hay un poema que congele el momento ni al parecer una estrella que se encargue de guardar los recuerdos de una memoria. Ni siquiera hay una canción. No hay una serie ni tampoco una película.

¿Qué hay? ¿Qué es lo que queda entonces?

Queda tu vida y la viveza para vivirla.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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