Crónicas de unas Navidades anunciadas (II)

Versos sobre la amargura de ver como la mujer amada ama a otro.

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Cómo escribí a principios de enero de 2008 en mi antiguo Space:

Sería una injusticia que no hablara un poco del juegazo que obtuve por estas entrañables fiestas, el enormemente divertido “Super Mario Galaxy”. Sin embargo, la vida no es justa, y realmente no lo voy a hacer. Por lo menos, no ahora. Además, hay ya una millonada de sitios donde ha sido analizado a fondo y otros donde lo han criticado a fondo y sin piedad de ningún tipo (lo cuál es perfecto), así que, ya está. Además, prácticamente cualquier cosa que diga ya se habrá dicho antes, por lo que sería una pérdida de tiempo. Y, como último “además”, en realidad ha sido una de las cosas en las que menos he pensado estas vacaciones. He pasado tiempo con ello, pero realmente no he pensado en ello.

Por otra parte, e introduciendo algo que parece que no tiene nada que ver con el párrafo anterior, ahí va otro de los poemas de estas Navidades tan… autistas.

 

De aceptar la condena

Aún saltando por los mares de la Luna,
estoy dispuesto a hacer vibrar el aire;
quiero deshacerme de las cadenas y decir
que no tienen los pájaros un baile
de amor para salvarme de esta tortura
que es verte sonreír
sin mí.

No hay tumba en la que me pueda esconder
ni oscuro lugar donde me pueda morir
donde no llegue el sonido de tu amor
con el que hoy te dedicas a comer
fresas con nata y chocolate antes de dormir,
ni cuando estás al calor
de la rosa su color.

Hay un vacío en mi garganta que me impide
andar con pasos firmes y hacer hablar
a este roto, pobre y antihéroe corazón.
Ese vacío es una amistad que me pide
que no dude en hablar con ella con sinceridad,
pero me veo incapaz de hablar de amor,
ciego, a la sazón.

Y ya no hay vasos ni medio vacíos ni llenos,
sólo hay recipientes donde meter este amor verdadero
tan sólo me queda un frío suelo
al que caer derrotado, y un cielo
que observar por la ventana mientras sueño
lo que te escribo.

Dejaré los barcos de la imaginación,
no se hincharán sus velas con amor;
me zambulliré en el mar de sinrazón
y me confundiré con los peces, que son
muda canción.

Será la almohada la única que me de aire
que como muda confidente me escuche,
y en su blanda forma mi actitud mude,
y un par de ríos de salado caudal críe,
drenando poco a poco este amor de hule,
secando mi corazón que ríe
una sonrisa amarga.

Y cada vez que me mires a los ojos
¡pobre de mí! Te estaré mintiendo un poco,
pues nunca dejaré que veas que me siento solo
con gente, sin ella y frente a ti solo,
pues me quedará siempre lo importante,
lo que me permita seguir adelante,
que no es otra cosa que verte feliz,
aunque sea sin mí, pero feliz.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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