Cap. 4 de S.A. original

…y una forma de luchar.

Una vez más, “así” es chino y -asa- el sonido de una TV, o una radio, etc…

“Esto es increíble. Dos días y seguimos esperando a que ese cegatón decida volver. Está claro que Cologne me está ocultando algo. Quizá incluso a Shampoo. No se… está tan extraña, es decir, aún más de lo normal, desde lo del meteorito… Ahh, que aburrimiento, aquí sentado sin hacer nada. Aunque no han estado mal estos… ya casi tres días de descanso y paz. Aunque no se, siento como si esto sólo fuera la calma antes de la tormenta…” Así pensaba Ranma Saotome mientras jugaba aburrido con unos palillos sentado en una de las mesas del Nekohanten, mientras la joven guerrera amazona Shampoo, y la jefa de la extinta tribu Cologne terminaban las últimas tareas para dejar el restaurante preparado para el próximo día, una vez más como habían hecho por ya casi dos años.

“Sí, realmente esta ha sido una espera muy extraña… Sin Shampoo intentando ahogarme en uno de sus abrazos, o Cologne y sus triquiñuelas, aunque tampoco deben estar de humor después de… bueno, eso. Tampoco nuevos desafíos de Ryôga, ni siquiera de Kunô… todo muy extraño…” En ese momento, Akane entró por la puerta del Nekohanten sin ni siquiera hacer caso al cartel de cerrado o a las amazonas, dirigiéndose directamente a su prometido, con un extraño paquete entre las manos y una sonrisa extraña en la cara.

“Uh, uh… sonrisa extraña, paquete mal envuelto… ¡Oh no! Akane ha vuelto a cocinar algo… Hay cosas que nunca cambian.” Ranma se levantó rápido para ir a por un bol de lo que fuera, pero ya era demasiado tarde. Akane lo agarró de los hombros con un agarre de acero, lo sentó en la mesa y le destapó el paquete justo debajo de las narices. Con una sonrisa de esas tan peligrosas le instó a que lo probara, y Ranma, tragando saliva, decidió mirar en las profundidades de ese “plato” tan especial.

Ranma estaba sorprendido. Tuvo que reconocer que ese plato de arroz tres delicias parecía, al menos, arroz. Aunque las similitudes acababan ahí. Ese color tirando a marrón sugería un desafortunado cambio de salsas. Y el hecho de que tenía la consistencia del cemento recién echado mostraba claramente el uso de mayonesa en una receta en la que no hay ni una “y”. Y los OSCNI (“Objetos Supuestamente Comestibles No Identificados”) que adornaban la creación tenían una textura que recordaba mucho a la de la madera de la tabla de cortar.

Volvió a mirar a Akane tras haber jugado un poco con un trozo de la parte de la sustancia que más se parecía al arroz real que ahora tenía entre los palillos, y vio que la sonrisa presagiaba cada vez más peligro. Volvió a tragar sonoramente y se acercó a cámara lenta el pedazo de comida, deseando fervientemente que algo le ayudase a escapar de esta situación. Pero nada pasó, y el trozo entró en su boca, provocando que Ranma recordara dolorosamente para su sentido del gusto el por qué de alejarse lo más posible de la comida de Akane.

Sin embargo, como tenía suficiente con tener dolor de estómago, y no quería también uno de cabeza, puso a tiempo una cara de satisfacción, lo que gustó mucho a Akane, que chilló como una niña pequeña, y probó suerte. “Esto… Akane, yo ya he cenado y-“

“¡Come!” Le interrumpió la chica, toda la alegría desaparecida de su voz. “Vale.” Respondió el chico con la cabeza gacha, sabiendo cual sería su destino: Unos días en cama por un terrible dolor de estómago. De nuevo se puso a elegir alguna parte de la masa informe que pudiera pasar por solamente tóxica para cualquier ser normal. Cuando hubo encontrado una que todavía no se había quedado tan duro como el cemento armado, pues la mayonesa parecía tener ese curioso efecto en el arroz, mezcla que sólo a Akane se le podía ocurrir, se lo fue acercando a la boca, esta vez algo más rápido, sabiendo que ni Shampoo ni Cologne se atreverían a molestar a Akane cuando estaba en modo “Buscar y Alimentar a Ranma”.

Pero, justo cuando el trozo estaba a escasos milímetros de la boca abierta de Ranma, se oyó el ruido de la puerta abierta de golpe, y mientras todos miraban hacia allá, Ranma aprovechó para deshacerse de lo que tenía entre los palillos, y, pensándolo mejor, de todo el plato. Cuando él también miró a la puerta vio al joven que estaban esperando, y como Saotome que era, se puso a hablar sin darse cuenta de los cambios por los que Mousse había pasado.

“Bueno, ya era hora. ¿Se puede saber donde te habías metido, cegatón?” Rápidamente se puso en posición de combate, esperando que el amazona saltara hacía él gritando algo así como “¿Cómo te atreves a insultarme delante de mí amada Shampoo? Pagarás por esto Saotome.” o algo por el estilo. Pero el ataque nunca vino, ni siquiera una respuesta. Mousse entró cerrando la puerta, cruzó el comedor en silencio, mirando al frente y se colocó ante Cologne, que le miraba entre seria e interesada. La temperatura en la habitación bajó unos grados cuando Mousse dijo esas pocas palabras, mirando al suelo.

“Anciana Ku-Lohn, mi Matriarca, entrenaré en sus enseñanzas hasta que no me quede un ápice de fuerza en el cuerpo o usted diga que sea suficiente.” Cologne asintió y se dispuso a hablar cuando fue cortada por el joven amazona, que había levantado de nuevo la cabeza. “Pero no volveré a dejar que se me trate como un esclavo. He abierto los ojos, Matriarca, por una razón que yace fuera de esta agonizante tribu a la que se agarra tan desesperadamente. La razón, la causa, por la que entregaré mi vida cuando me llegue la hora.”

Silencio. El aire era tan pesado que se podía cortar con un cuchillo, hasta que la diminuta matriarca empezó a ser rodeada por su aura azulada, mientras que sus cabellos blancos desafiaban a la gravedad y sus ojos pasaron a ser totalmente blancos, y las arrugas de su cara se contorsionaban en ira y rabia, dándola el aspecto de una aparición demoníaca. Su voz, profunda y chirriante, iba a la perfección para confirmar esa descripción. “Como te atreves, macho irrespetuoso, a siquiera pensar que la gran tribu amazona, cuya historia se extiende a través de tres mil años, este cerca de su fin. Mereces la muerte por eso, Mu-Tzu.”

Sin embargo, aunque la jefa de las amazonas se mostraba cada vez más temible, Mousse no dio muestras de temor, e incluso se permitió que una pequeña sonrisa se mostrara en su cara. “Puede ser, pero no serás tú la que me la de¿verdad Ku-Lohn?” Mousse había llegado al punto crítico. Se jugaría el todo por el todo. La vida por respeto… por ahora. “Mal momento para recordar que odio apostar…” Se dijo suspirando mentalmente. “¿Y por qué razón no debería matarte aquí y ahora?” Le respondió irritada una Cologne cuya aura brillaba cada vez más.

“”Alea jacta est”” Pensó antes de empezar a hablar “Es obvio¿no?” Comenzando con la frase que Cologne tanto había usado últimamente. “Tú querías, no, quieres que aprenda una de las escuelas, a pesar de haber mejores opciones, como por ejemplo Ryôga. Pero quieres enseñarme a mí, el ser que más odias en este mundo. Y estás dispuesta a aguantarme, por lo que la razón que te guardas bajo la manga ha de ser importante. Es lógico pensar que hay algo en mí que me hace apto para aprender. Entonces, si me mataras, ya no podrías enseñar las escuelas y dejar tu legado.” Shampoo tradujo todo el intercambio para los dos que no sabía chino.

Ranma, Akane y Shampoo se quedaron boquiabiertos tras las palabras de Mousse, que parecieron perdurar varios minutos en el aire. ¿Odiar¿Razón bajo la manga¿Legado¿Qué quería decir Mousse con todo eso? Y más importante aún¿como es que Mousse había cambiado tanto en tres días? Antes de que ninguno pudiese preguntar alguna de las cuestiones que explotaban en sus mentes, la matriarca hizo su primer movimiento. Se calmó. Su pelo volvió a ser preso de la gravedad, sus ojos volvieron a ser normales y dejó de servir como lamparita de noche.

Y sonrió incluso. Una sonrisa cansada e incluso apenada se puso a la altura de Mousse, que se echó para atrás. Había esperado dolor, ira, e incluso la muerte, pero que ese saco de arrugas le sonriese estaba fuera de la lista. La matriarca suspiró y comenzó a hablar, de nuevo en japonés, muy bajo, y por una vez, como una anciana. “¿Tú amas a mi bisnieta, Mousse?” Fue una pregunta tan clara y sencilla que… se tuvo que sentar a pensarla seriamente.

Las cuestiones más sencillas suelen ser las más difíciles de comprender.

“¿Amar a Xian-Pu? Pues claro¿verdad¿O no¿O no la amo, y sólo la deseo¿Qué es lo que sentía por Xian-Pu¿Y lo que siento ahora? Es lo mismo. Sí, lo que sentía antes y lo que siento ahora es lo mismo. Pero diferente.” La miró a los ojos, a través de los gruesos cristales de sus gafas. Vio que eran desafiantes, y apartó la mirada. “Entonces¿por qué, por qué? Es culpa de Saotome, es culpa de Saotome. Siempre me he dicho eso. ¿Es verdad?” Ahora miró a los ojos de quien había sido el obstáculo entre Shampoo y él. Vio burla, y debajo honor, junto al orgullo, incluso algo de simpatía. Y un brillo profundo le descubrió que allí había amor. “Pero¿para quién¿Para quién guarda ese amor¿Es para Akane Tendo¿Para esa chica que le pega y le insulta?” Sondeó entonces los ojos de la joven, y vio preocupación, pero también orgullo y un carácter fuerte. Y también descubrió el mismo brillo que en Ranma, el brillo del amor que apenas se contiene por la razón. “Puede ser… tan sólo puede… ¿es esto el juego del amor¿O una broma macabra de nuestra diosa para divertirse a nuestras expensas? De nuevo¿amo a Xian-Pu? Sí, de una manera…” Terminó, pensando para si.

“Sí, de una manera…” Pero es que Mousse había pensado en alto la última respuesta que se había dado, y ésta había sido tan débil al decirla como había sido al pensarla. Era extraño para los que habían oído esas palabras tan vacías, huecas como un globo que en cualquier momento podría explotar, dejando salir la verdad detrás de una falsa declaración, ver ahora a quien las había pronunciado, ahí sentado en una silla, mirando al suelo a través de sus gafas, su largo pelo negro cayéndole por sus hombros y por sus ropas blancas, ahora llenas de suciedad que las teñía de gris por el largo viaje que no había hecho sino comenzar, un joven que parecía ser mucho más profundo de lo que todos pensaban que eran, cierta amazona incluida.

“Pero¿por qué¿Por qué me pregunta esto ahora?” Esta pregunta tomó a la matriarca por sorpresa, algo que no pasó desapercibido para ninguno de ellos. Cologne además sonrió, una sonrisa llena de pena y arrepentimiento que la hizo aparentar más edad de la que ella tenía… o bueno, sólo la edad que ella tenía, con eso basta. La Anciana habló por fin, pero esta vez sin su sequedad o malicia especiales para con el chico que se convierte en pato, sino con algo que podría ser… ¿orgullo?

“Has cambiado Mousse. Como una flor que es semilla, y ahora guarda en su interior la promesa de un árbol alto y robusto. Un árbol que ayudará a los exhaustos a recuperarse bajo su cobijo. Te estás volviendo lo que él quería…” Entonces, sacudió la cabeza y volvió a su neutralidad y a su calmada expresión, tierra de tretas, engaños y segundas intenciones, hablándoles como si ninguna revelación se hubiese hecho esa noche que será recordada.

“Muy bien entonces. El entrenamiento empieza mañana. Ahora, todo el mundo a dormir.” Ordenó en tono definitivo la diminuta amazona, con lo que cada cual empezó a dirigirse a la cama, algunos a unos metros de distancia, otros unas calles más allá. La jefa de las Nujiezu también se dirigió a su habitación, encaramada a su bastón, a saltitos. Se despidió de Shampoo mientras discretamente presionaba un punto de presión retardado que había utilizado ya casi media semana, y devolvió la despedida de buenas noches de Mousse sin mucho afán. Era hora de retomar su otra ocupación, en la que sólo podía trabajar cuando estaba sola.


Su habitación era un desorden total. Libros y más libros, de hojas amarillentas y arrugadas, manchadas con sangre y café, estaban esparcidos por el suelo, mostrando métodos arcaicos de entrenamiento, crónicas milenarias y descripciones tintadas con paranoia del fin del mundo, todo ello plasmado en los símbolos de uno de los dialectos más atesorados por las amazonas. Sobre la cama inmaculada unas ropas ceremoniales descansaban sin vida bajo la luz de la lamparita de noche. En la pared, encima del escritorio, fotos del meteorito que le había dado un nuevo rumbo a su vida, junto a varios planisferios celestes de diferentes tamaños sostenidos por chinchetas. Justo debajo de la ventana, ahora cerrada como siempre, la pantalla de un ordenador.

El ordenador no era nada del otro mundo, simplemente lo suficiente para escribir mensajes de correo electrónico y enviarlos mientras se escucha algo de música, como el último CD de Queen o The Beatles que estaban sobre la torre, totalmente desprotegidos, sus carcasas perdidas entre el desorden general, signo inequívoco de alguien que, o lleva muchos años en el mundillo de la informática, o es muy desordenado. En todo caso, Cologne no tardó mucho en encender el ordenador, que empezó a ronronear suavemente, y mientras cargaba, recogió una silla de madera del suelo y la colocó frente al aparato. Para cuando sacó una balda móvil con el teclado y el ratón encima, el ordenador le daba la bienvenida con unas letras blancas que ocupaban casi toda la pantalla.

La pantalla se puso entonces negra, y la habitación quedó a oscuras al haber apagado la lamparita de noche, a excepción de las pocas letras, pequeñas y blancas, que mostraba la pantalla. Sin más preámbulo, se conectó a Internet y entró al sistema que tanto les había costado desarrollar a las más inteligentes de su tribu. Se asemejaba a los mensajes que puedes enviar a un correo electrónico, sólo que, mediante una serie de protocolos y conexiones, los mensajes llegaban prácticamente al instante, por lo que se podía mantener una conversación bastante fluida sin tener que utilizar el teléfono, que ya no sería seguro.

Se registró con la clave correspondiente, y comprobó complacida que su interlocutor preferido estaba ya allí, en la “sala virtual”, como lo llamaron sus creadoras. Comenzó a escribir calmada, ninguna emoción se mostraba en su cara.

“Ésta va a ser una de las últimas veces que nos comuniquemos así¿verdad?”

La respuesta no se hizo esperar, y apareció como un rayo en el cielo.

“Sí, Cologne-chan. Supongo que ya habrás preparado las ropas¿no?”

La matriarca miró hacia la cama, donde las agrias ropas yacían y asintió.

“Ya están preparadas. Bueno¿alguna noticia por ahí?”

“Lo que ya sabrás: Casi ha acabado con China. No sabemos cual será su siguiente paso, aunque suponemos que pasará al siguiente país más cercano. Corea, Rusia, India… No parece tener mucha prisa. Parece que no os va a tener en cuenta. Pero hablando de cosas menos serias¿ya has arreglado los problemas con los chicos? He oído que están siendo bastante… revoltosos.”

La pequeña amazona volvió a asentir mientras sonreía, le había hecho gracia lo de “revoltosos”.

“No lo sabes tú bien. Pero sí, mañana empezarán. Umm, me pregunto cuál será la reacción de Saotome ante la primera parte de la escuela. Siempre ha sido un chico tan vital y lleno de orgullo por su escuela…”

“Ya, eso he oído. Bueno, creo que esto es todo. Adiós, y suerte con los chicos y con esa historia que estabas escribiendo. Me encantó lo que me enviaste. Hasta luego.”

“Intentaré hacer algo más, pero no te prometo nada. Hasta luego.”

Se desconectó, apagó el ordenador, y se quedó a oscuras. Y pensó. “Sí, intentaré seguir con esa historia, lo intentaré… por ti.”


Ranma andaba sobre un riachuelo de diamantes reflejo de la luz de la luna menguante que guiaba los pasos de los jóvenes hacia el dojo Tendô. Más bien era su sombra la que se difuminaba sobre la corriente de agua del canal al que tantas veces había caído, ahora envuelto en sombras, y Ranma no era capaz de apartar la mirada de esa imagen que se movía tan libre por el líquido elemento que tenía un papel tan importante en su vida. Estuvo así, pensando sobre esa imagen mientras andaba sin esfuerzo por la valla, gran parte del recorrido, hasta que su prometida, que había pasado en un estado parecido el viaje de vuelta, rompió el silencio con una pregunta.

“Ranma¿qué crees que esta pasando?” Había algo de preocupación en la voz de Akane, algo que no pasó desapercibido para Ranma. “No lo se, Akane. Hay algo raro, eso seguro, pero no se que es exactamente.” “Pero tiene que ver con Cologne, eso está claro. Ya me imaginaba que todavía nos escondía algo, pero al parecer hay más de lo que ninguno de nosotros había imaginado. Ahh… sólo nos queda esperar, y yo odio esperar… bueno, si no hay más remedio. Al menos, con un poco de suerte mañana empezaremos el entrenamiento. Tengo ganas de ver que son esas escuelas…” Así siguió pensando el joven Saotome hasta que el sueño le alcanzó en la cama.

Poco sabía él que esa escuela le cambiaría la vida (A¡Qué topicazo¿no? Ranma: Pues sí, es un topicazo, pero tú sabrás. A¡Hey, qué tú estás durmiendo ignorante de que esta noche será la última de tu vieja vida! Ranma: Pues bueno, si tu lo dices…)


El día había pasado sin incidente de mención, excepto que Mousse estuvo todo el día ignorando totalmente a Ranma, lo cual era extraño, ni una promesa de muerte ni ningún ataque por sorpresa, pero es que también había ignorado a Shampoo durante todo el día, lo que era más raro que un día sin lluvia en Nerima. Simplemente se había ocupado de tomar los pedidos diciendo las mínimas palabras posibles, y cuando la matriarca le había mandado ponerse a cocinar, ni siquiera había rechistado, ni tan sólo asentir con la cabeza, simplemente había entrado en la cocina y había empezado a preparar lo que Ranma y Shampoo le gritaban. No se había quitado las gafas en todo el día.

Bueno, al fin y al cabo, lo normal en Nerima es un puñado de extrañezas¿no?

Poco después de apagar la televisión y dar la vuelta al cartel de abierto dejándolo en cerrado, los cuatro se dirigían a un pequeño terreno despejado que estaba detrás del Café. Los tres chicos estaban de alguna manera impacientes, cada cuál por una razón distinta y todos escondiéndolo. Y Cologne lo sabía muy bien, leyéndolo como estaba en los cuerpos, y sobretodo en los ojos, de sus pupilos. Llegaron por fin al lugar de entrenamiento, y se pusieron en línea, mientras Cologne se colocó frente a ellos, y empezó a hablar como aquella vez que le enseñó el Hiryuu Shoten Ha a Ranma.

“Muy bien. Ya sabéis que vais a aprender unas escuelas de terrible poder. Confío en que sabréis utilizarlas dignamente y con honor.” En este punto miró fijamente a Mousse por un momento y continuó. “Supongo que ya tendréis una idea aproximada de las bases de las escuelas, pero por si acaso, os daré unas pocas pistas.”

“En primer lugar, la del Dragón. Se dice que es la más poderosa, aunque hay que tener en cuenta que las tres escuelas se complementan. El dragón, ser de poderosa magia y terrible poder, es el símbolo de la escuela en la que más conocimiento de uno mismo se necesita. En segundo lugar, la del Rayo, cuyas técnicas precisan de un increíble control sobre uno mismo. Y por último, la del Volcán, dónde el conocimiento de tus alrededores es primario.” Les explicó, con voz solemne y seria, los cantos de los pájaros que se iban a dormir adornando sus palabras.

“Tras haberlo pensado mucho, he decidido quién aprenderá que escuela. Ranma aprenderá la del Dragón, Shampoo la del Rayo y Mousse la del Volcán. Si tenéis algo que objetar…” Dejó ella en el aire. En realidad no se esperaba que nadie le dijese nada, así que cuando Mousse carraspeó y empezó a hablar, le pareció que algo estaba fuera de su sitio. “Mi Matriarca, acaba de decir que la escuela del Dragón es supuestamente la más poderosa¿no?” Ella asintió. “Entonces, quisiera ser yo el que aprenda esa escuela.”

“No, Mu-Tzu. Tu entrenamiento en las Armas Ocultas te hace mejor dotado para la escuela del Volcán. Es mejor de esta manera. Te vuelvo a recordar que, aunque se dice que la del Dragón es la más poderosa, eso no quiere decir que la del Volcán esté por debajo. Simplemente, los efectos de las técnicas de la escuela del Dragón son más… vistosos que las del Volcán.” Mousse asintió tras haber pensado unos momentos, y Cologne continuó con su primera clase. “Muy bien entonces. Es necesario que aprendáis bien las bases de las escuelas. Prestad atención.” Habló la matriarca con una voz profunda y sobrenatural, como si estuviese poseída.

“El dragón prepara el alba para alzar el vuelo.”

“El rayo, tan rápido y efímero como la vida de los mortales.”

“El volcán, que viste vida hasta que desata muerte.”

Cologne volvió a su ser normal para observar como sus tres pupilos la miraban muy confundidos. Meneó la cabeza al tiempo que suspiraba. “Bueno, os habéis enterado¿no?” Todos asintieron. “Muy bien, tenéis un día para comprender las bases de vuestra escuela correspondiente, y mañana me la tendréis que explicar, a ser posible con un ejemplo práctico. ¿De acuerdo? Pues hala, todo el mundo a su casa.” Y con eso, se dirigió a saltitos de bastón hacia el Nekohanten.

Los tres jóvenes se miraron, y Ranma habló por los tres. “No he entendido nada.”

Cologne le oyó, y sólo un pensamiento pasó por su mente centenaria.

“¡Ay Sylphé, dame paciencia!”


Al capítulo anterior (original). O a Sayonara Amazonas. O al capítulo siguiente (original).

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