Cap. 2 de S.A. original

…¡oído cocina!

De nuevo, “ésto” significa chino, y -ésto- es sonido en off (TV, radio…)

“Ya lo ha vuelto a hacer. Este baka, siempre metiéndose en problemas a la primera de cambio.” Pensó Akane, recordando que la vieja matriarca era capaz de sacar provecho de un simple e inocente “perdón”. Así que, intentando no parecer demasiado obvia, trato de prevenir lo que estaba a punto de suceder.

“Pero Anciana Cologne¿cómo va a poder ayudar Ranma, con lo cabeza dura e inepto que es?”

“Hey¿qué significa eso de “cabeza dura”?” Preguntó indignado un Ranma bastante enfadado.

“Además, por lo que tengo entendido, Ranma no está considerado como un amazona, así que todavía habría muchas cosas que no podría hacer en su sociedad.” Prosiguió Akane, haciendo caso omiso a su prometido, con su argumentación. Por su parte, Cologne inclinó la cabeza, reconociendo la verdad en las palabras de Akane.

“¡EH¿Cómo que soy inepto?” Dijo, esta vez gritando, un muy enfadado Saotome, con lo que se ganó un rápido y doloroso golpe de bastón en la cabeza, que le hizo comprender que sería mejor estar callado y dejar esa pasar… por ahora.

“Tienes razón en tus palabras, Akane Tendô. Sin embargo, mis intenciones no buscan unir a Ranma a nuestra tribu.” “Por ahora.” Añadió para si la jefa amazona. Sus palabras atrajeron toda la atención de su pequeño público, aparte de unos ojos como platos, lo que provocó que una sonrisa apareciera en su cara arrugada. Cuando todos empezaban a recuperar su ritmo de respiración normal, decidió seguir. “Lo que pretendo es enseñar a mis tres pupilos las tres escuelas de lucha guardadas en la cultura amazona desde la construcción del pueblo.”

Otra vez, shock general. Esta vez, Ranma fue el primero en sumar 1+1+1, y curiosamente le dio 3, lo que le llevó a una pregunta fundamental. “Eh Cologne¿quiénes son esos tres pupilos de los que hablas¿Y como son esas escuelas tuyas de lucha?” Preguntó, realmente confuso.

Ante tales preguntas, Akane y Mousse sólo pudieron afirmar con la cabeza, impacientes por conocer la respuesta, ambos diciéndose que ellos no eran. Cologne levantó una ceja, y de un salto se encaramó a su bastón. “Está claro¿no? Shampoo, Ranma y Mousse.”

Mousse se levantó de repente, tirando la silla en el proceso y se puso muy tieso.

“Tú jamás me enseñaste nada, vieja arrugada.” Temblando, escupiendo las palabras en la dirección correcta por una vez. Cologne, simplemente se dio la espalda, y su voz, totalmente neutral, les llegó a los tres. “Y quién te crees que le enseñó todo a tu maestro¿eh?”

Antes de que nadie pudiera hacer ni decir nada, la matriarca volvió a hablar, de nuevo con esa voz neutra que hacía que prestarás más atención. “Ranma, ahora mismo estás de vacaciones¿no?” “Así es.” Respondió el joven, impaciente por que ella terminara. “Entonces, me gustaría que trabajaras aquí, en el Nekohanten mientras dure el entrenamiento. Eso facilitaría las cosas.”

Ranma se lo pensó seriamente durante aproximadamente medio minuto antes de aceptar, lo que despertó la ira de cierta prometida, que tras un contundente mazazo, se llevó a rastras a su prometido medio grogui, lo que dejó a un joven amazona muy alterado solo ante el ser que había hecho de su vida un camino de amargura al negarse a ayudarle como lo había hecho con otros. “¿Cuáles son tus verdaderos propósitos, Ku-Lohn, jefa de las amazonas?” Preguntó el chico, tratando de mantener su voz calmada.

Sin darse la vuelta, y con una voz que denotaba entretenimiento, la anciana del tamaño de un troll (Cologne: “Eh tú¿quién es un troll?” A:”Auuuu. Vale, vale… ¡Bah! No se puede hacer ni una broma…” Cologne: “Pues no”) quiero decir, la anciana jefa de la tribu de Nujiezu, le respondió. “Eso no es algo que te corresponda saber. Simplemente espero de ti que aprendas bien todo lo que te enseñe.”

Luchando consigo mismo para no intentar partirla en dos, lo que seguramente terminaría con un desagradable dolor de cabeza y una inoportuna transformación en pato, el chico que se convertía en pato murmuró un “seguro” y un “gracias” y se marchó a su habitación como una centella.

Shampoo había intentado llorar hasta caer rendida, agarrada fuertemente a su almohada, pero su prodigiosa resistencia amazona había impedido que tal plan tuviera éxito. Y por lo tanto, sólo podía cerrar los ojos y pensar, pensar en como de un plumazo, todo lo que había dado por hecho y conseguido, se vaporizaba en un abrir y cerrar de ojos, dejándola indefensa y sin apoyo en un país extranjero. Siempre podría volver, como cuando trajo el cascabel de Mao Mo-Ling, pero esta vez no habría lugar al que volver…

“¡Por qué¿Por qué a mi?” Gritó, nuevas lágrimas derramándose por su preciosa cara, empapando aún más la almohada, haciendo que su largo pelo morado se le pegase a la cara. “Ahora no hay nada por lo que luchar, ningún pueblo al que llevar a Ranma, ningún hogar…” Pensó la bella amazona, provocando que un torbellino de desesperación recorriese su cuerpo, saliendo en forma de un gemido lastimero.

Cuando se calmó lo suficiente como para recuperar los sentidos, escuchó los pasos acolchados de alguien que subía por las escaleras. Y después, un portazo, al que al poco tiempo siguieron los sonidos de un llanto camuflado. “Aiyaaa… Nunca había oído a Mu-Tzu llorar así…” Se dijo, en un tono melancólico que iba a la perfección con su aspecto desaliñado y triste. Se iba a empezar a cambiar para estar más cómoda y dormir por fin, cuando, sin previo aviso, la puerta se abrió y se cerró en un momento, y su bisabuela apareció como por arte de magia delante de ella.

“Oh bisabuela, tú tan rápida como siempre.” La dijo, en su roto japonés característico, poniendo una débil sonrisa como disculpa por su comportamiento. La matriarca afirmó levemente con la cabeza, entendiendo lo que había sentido su bisnieta, pero sabiendo también que su alumna tenía sus obligaciones. Tomando aire se preparó para darle a su ahora única familiar la importante noticia de su nuevo entrenamiento. “Xian-Pu, bisnieta… va a ser necesario que empieces un nuevo entrenamiento.”

“¿Acaso Shampoo no es suficiente buena?” Preguntó la guerrera, con una mirada perdida y embotada. “No bisnieta, no es eso. Dados… los hechos recientes” A lo que Shampoo hipó fuerte y tristemente. “creo que es hora de que las tres escuelas guardadas durante generaciones entre las matriarcas del pueblo de las amazonas salgan otra vez a la luz, y vuelvan a cumplir su función, como hicieran, tiempo atrás.”

A Shampoo los ojos se le salían de las órbitas, y, sin darse cuenta, se cayó de culo al suelo, pero no hizo ademán de levantarse. No podía referirse a las escuelas del Dragón, del Rayo y del Volcán¿no? Se supone que se perdieron, que desaparecieron en el olvido, enterradas por el tiempo, y que todos los pergaminos que tenían que ver con ellos fueron quemados, y sus cenizas esparcidas por el mundo, a fin de que nunca nadie pudiese aprender tales escuelas, pues su poder sólo podía ser temido.

Los maestros de tales disciplinas eran capaces de cosas increíbles, según atestiguaban las pocas crónicas que todavía quedaban, todas atribuidas a un viajero que fue testigo de casual del poder de esas escuelas. Hombres capaces de erigir escudos impenetrables en segundos a voluntad, o derribar edificios con un movimiento de su mano. Mujeres que desaparecían de un lugar, para aparecer en otro instantáneamente. Personas que, tras una apariencia apacible y serena, esconden una fuerza de la naturaleza desbocada, capaz de romper el suelo en trocitos con una sola mano, que toma por sorpresa a su oponente y se alza con la victoria.

Todos esos pensamientos habían pasado por la mente de la joven amazona en unos segundos, pero su bisabuela se dio cuenta, y de nuevo asintió con la cabeza. “Si bisnieta, las escuelas del Dragón, el Rayo y el Volcán. Sí, ya se, ‘están perdidas, borradas por su poder’. Eso es lo que todo el mundo quiere pensar. Y no se lo podemos reprochar, pues la última que fueron utilizadas en su mayor exponente, las consecuencias fueron… no satisfactorias.” Terminó Ku-Lohn, meneando la cabeza.

“Pero… es que… ¿quién, bisabuela¿Quién va a aprender?” Tartamudeó Xian-Pu, claramente aún en estado de shock. Su bisabuela, ya desesperada, levantó la vista al techo, y a través de él a los cielos, para pedir paciencia a sus diosas. Cuando se calmó un poco, se dirigió a una muy confusa bisnieta con algo de impaciencia en su voz. “Yo creo que es bastante obvio¿no? Tú, Ranma y Mousse.”

La joven amazona se preparaba para responder, levantándose y alzando un dedo acusador. Pero antes de que pudiera pronunciar palabra, fue cortada por su maestra en el arte de la lucha. “Y ahora, a descansar. Mañana mismo empezaremos el entrenamiento, así que tendrás que estar bien descansada para el próximo día.” Sin embargo, Shampoo no se daba por vencida tan fácilmente, e intentó cuestionar algo más a su bisabuela. Pero, la jefa no estaba de humor como para aguantar a la hiperactiva de su bisnieta, así que, con una velocidad endiablada, presionó un par de puntos de presión, y Xian-Pu estaba durmiendo un sueño sin unas pesadillas que seguramente hubieran llegado de haber sido natural.

“Duerme libre de angustia por ahora, Xian-Pu, para que tu fuerza y juventud no desaparezcan demasiado pronto, mi bisnieta, como me sucedió a mí. Lo que te espera a ti y a esos dos… llegará. Sólo espero que no lo haga demasiado pronto.” Se dijo la vieja y pequeña matriarca de un pueblo que había desaparecido sin dejar rastro. Lentamente, sin hacer ruido, se dirigió a su habitación, abrió la puerta y cerró la puerta con su mítico bastón, preparándose para comenzar su siguiente tarea.

Ranma… bueno, Ranma Saotome no había tenido mucho tiempo para pensar, como de costumbre. Nada más llegar al dojo Tendô, él y Akane habían sido bombardeados a preguntas sobre de dónde venían o qué pasaba. Cuando Akane, pues él no se sentía con fuerzas como para decirlo, les dio la noticia de la total destrucción del pueblo de las amazonas, y, por tanto, la triste pérdida de decenas de vidas humanas, un pesado silencio cayó de repente en el salón. Fue ese momento en el que aprovechó el joven de la coleta para excusarse, y subir a su habitación.

Salió por la ventana, y un potente salto después estaba recostado en el tejado azulado sólo iluminado por la tenue luz de la luna. Intentó mirar a las estrellas, pero no podía mantener su mirada mucho tiempo, pues aparecían en su confusa mente horribles visiones de gente incinerándose por el calor del impacto, gritando para conseguir una ayuda que jamás llegaría…

Ranma se sacudió esos pensamientos, sabiendo que no sería bueno seguir esa línea de sentirse impotente, ya que no haría nada bueno por él. Entonces, Akane apareció delante de él a unos metros, al lado del borde del tejado. No se podía ver su cara, pues estaba de espaldas a la luna, pero en su cuerpo se podía leer la tristeza y el cansancio que se habían instalado en su alma. Poco a poco, se acercó a su prometido y se sentó a su lado. Ahora se le podía ver un lado de esa cara a veces angelical y a veces demoníaca. Bajo la luz plateada de la noche se podían distinguir rastros brillantes de lágrimas, lo que puso a Ranma bastante nervioso. Él no soportaba ver a una chica llorar, y menos si esa chica era Akane. Ella, con la cabeza apoyada en las rodillas se puso entonces a hablar como si estuviese sola, mirando todo el rato al frente.

“¿Por qué¿Por qué ha tenido que suceder esto ahora¿Por qué tienes que volver a entrenar con… ella?” Ranma se mantenía silencioso, inseguro de como reaccionar. “Hace nada, el intento de boda, y ahora esto. Parece como si no fuéramos a tener nunca un momento de respiro. ¿Por qué..?” Terminó la pregunta con un profundo suspiro. Volteó la cabeza hacia Ranma, y éste vio como sus grandes ojos castaños relucían por las lágrimas que trataba de contener. Casi en un suspiro, le dijo algo más antes de marcharse, algo que a Ranma se le grabó con fuego en la memoria. “Ranma. Estoy cansada de esta lucha continua. Por favor Ranma, por favor…”


La mañana, y con ella el sol, llegó pesadamente para el joven Saotome, que no había podido conciliar el sueño, tantas cosas que le habían sucedido tan rápido. Los últimos eventos, la lucha contra Saffron, la boda fallida, las amazonas, Akane, habían atormentado a Ranma con imágenes de pérdidas e impotencia durante toda la noche, haciéndose más nítidas en la oscuridad de su habitación. Ni siquiera necesitó que alguien fuese a despertarle, pues poco después de oír a Kasumi empezando a preparar el desayuno, él estaba allí con ella.

Era extraño incluso para él, pero sentía que sólo con la mayor de los Tendô se sentía realmente a gusto, además, por supuesto, de cierta prometida, en las ocasiones que se lo permitían. En cuanto le vio entrar por la cocina, un poco ojeroso, soñoliento y, definitivamente, cansado y triste, Kasumi no pudo evitar soltar su exclamación patentada, “¡oh, vaya!” y empezar a preparar un poco de té.

Mientras ella iba de aquí para allá, ocupada en preparar el desayuno para la familia, Ranma no pudo evitar volver a caer en sus pensamientos, que revoloteaban alrededor de las amazonas que habían muerto sin razón ni causa. Había algo, ahí, en el fondo de su mente, que trataba de advertirle, o tal vez de recordarle algo, no lo sabía, pero no era capaz de precisar que era lo que su mente trataba de decirle. Sea lo que fuere, él estaba seguro de que era algo sobre las amazonas, lo que le llevaba al punto de partida.

Cuando Kasumi le puso la taza de té humeante delante, y se sentó frente a él, sacándole de su ensimismamiento, haciendo que la mirara a los ojos al fin, pudo ver en esos ojos azules, profundos como el mar, una gran tristeza, la tristeza de un hombre bueno que siente que podía haber hecho algo más. Kasumi sonrió triste ante ese pensamiento. Para bien o para mal, ella había visto a ese chico pasar de ser un chico a ser un hombre, un hombre bueno y recto, además de un poco bocazas e infantil, pero encontrándose varias veces con la muerte, y mirándola a los ojos, sin miedo. Sin embargo, cuando no era su vida la que estaba en juego, ha temido y desesperado por la de los demás, y sobretodo, por la de su hermana pequeña.

Ese recuerdo consiguió que sonriera de verdad. Realmente este hombre quería a su hermana pequeña, y ella estaba feliz por Akane. Con un renovado esfuerzo por ayudar a Ranma, y deseando no estar equivocada en su suposición, la mayor de los Tendô se dirigió al chico que estaba sentado frente a ella, bebiendo silenciosamente, sorbito a sorbito, su té, lo más amable y tiernamente que podía. “Ranma-kun¿quieres hablar sobre lo sucedido con los amazonas?”

Dicho artista marcial no respondió de inmediato, sino que siguió tomándose ese té maravillosamente caliente que le ayudaba a poner sus sentimientos en orden. Kasumi, sabiendo que no sería bueno forzar la conversación, esperó pacientemente hasta que, por fin, Ranma habló, aunque lo que dijo no es lo que ella esperaba oír. “Algo ha cambiado. Lo siento, tengo que marcharme al Nekohanten. Díselo a los demás de mi parte¿lo harás?” Preguntó, mientras se levantaba y se dirigía a la puerta. Kasumi le aseguró que se lo diría, y Ranma estaba volando por entre los tejados de Nerima, como hoja seca movida a merced por el viento.

En unos minutos había llegado al ahora último reducto amazona y, haciendo caso omiso del cartel de cerrado, se introdujo silenciosamente en el edificio. Allí, en una de las mesas, estaban Shampoo y Cologne, y un manto de silencio lo cubría todo, haciendo parecer al café un lugar triste y vacío, en contraste a las largas tardes que había pasado allí hace no tanto tiempo. Se acercó a las amazonas, todo el rato manteniendo el silencio, no porque no quisiese romperlo, sino porque se sentía incapaz de rasgar tan pesado velo. Por suerte para él, fue la matriarca la que comenzó una conversación a la que se agarró desesperadamente.

“Bueno Ranma, hoy será mejor que nos dediquemos hasta la tarde al trabajo, para que recuerdes como va esto…” Ranma tuvo un escalofrío al acordarse del incidente que le obligó a trabajar con la pequeña mujer tiempo atrás, algo que notó la matriarca. “…sí, ahora no estoy muy orgullosa de aquello, pero bueno, lo hecho, hecho está. Como iba diciendo, por la tarde empezaremos el entrenamiento. Creo que voy a ir a despertar a ese chico.” Pero antes de que saliera saltando en su bastón, Ranma habló, acercándose a la matriarca.

“Quizá sea mejor dejarle estar solo. De hecho, al venir hacia aquí, no pensé que Shampoo o él quisieran… bueno, ya sabe, seguir como si nada después de lo que ha sucedido. Ups…” Se tapó la boca, intentando así que sus últimas palabras quedaran atrapadas por su mano, repitiéndose que había metido la pata pero bien. Shampoo, que hasta entonces se había mantenido relativamente apartada, se acercó a él y puso una mano en su hombro, haciendo que Ranma se girara para descubrir una Shampoo que sonreía débilmente, lo que le dejó muy confuso.

“Ser bueno saber que Ranma estaba preocupado por Shampoo.” Ranma no estaba muy de acuerdo con dejar eso así, pero decidió no decir nada, para no meter más la pata. Cologne afirmó con la cabeza y se marchó a la cocina para empezar a preparar las cosas.


-Extrañas luces se han podido divisar hoy sobre una de las regiones menos exploradas de China. Ni meteorólogos ni astrónomos han podido dar una respuesta satisfactoria cuando se les ha interrogado sobre el fascinante fenómeno. Dado que el epicentro se hallaba en una región de acceso especialmente difícil, no se ha podido averiguar si se trataba de alguna clase de fenómeno natural o…- Antes de que el periodista pudiera terminar su sección, la televisión se quedó en negro cuando Cologne la apagó, haciendo entender a su camarera y camarero que la hora de trabajo había acabado, unas horas que habían pasado sin mucho incidente.

“Bueno pequeños, es hora de empezar vuestro entrenamiento. Shampoo, por favor, ve a despertar a Mousse.” Acto seguido, Shampoo subía las escaleras hacía la parte que servía de hogar para los tres amazonas. Primero, llamó a la puerta y llamó por lo bajo a su compañero en desgracia. Como nadie respondía, y su paciencia llegaba a su fin, abrió la puerta, que no estaba cerrada, preparándose para despertar al chico, cuando se chocó de frente con el vacío de la habitación.

“Aiyaaaa…” Resumió una confusa Shampoo que había olvidado el enfado que se había empezado a formar en su interior cuando bajaba por las escaleras a donde estaban Ranma y Cologne. Ésta alzó una ceja y preguntó lo obvio, irritación mostrándose en su voz. “¿Dónde esta ese chico?”

“No… no está. Mousse… ha huido.”


Al capítulo anterior (original). O a Sayonara Amazonas. O al capítulo siguiente (original).

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