Feliz Año Nuevo


Feliz Año Nuevo

La habitación estaba a oscuras. Akane dormía en su ahora amplia cama. Sólo recientemente la almohada había dejado de estar húmeda. Fuera, tiernos copos de nieve blanca caía sin prisa, dibujando por la noche una estampa que maravillaría por la mañana, cuando el mundo se pusiese de nuevo en movimiento.

Pero ahora el mundo estaba quieto.

Una luz, blanca y tenue, empezó a formarse al lado de la cama donde yacía Akane, profundamente dormida. La luz se fue incrementando, hasta que iluminó por entero la habitación, aunque no lo suficiente para despertar a la bella durmiente. En el calendario había una fecha rodeada en rojo.

31 de diciembre. Año Nuevo.

Por fin, la luz se extinguió despacio, y en su lugar apareció una forma humana. Vestía un largo vestido que le llegaba hasta los talones. Parecía irradiar una suave luz, pero también calor y unos sentimientos muy especiales. Eran Amor y Serenidad.

Y su pelo negro azabache estaba recogido en una trenza.

Ranma miró con ternura infinita al ser que más quería en este mundo. Su cara reflejaba un amor angelical y puro. Y dicha. Se sentía el ser más afortunado que podía existir en el universo. Extendió una mano, y rozó suavemente el rostro calmado de Akane. Todavía era terso y sin arrugas, y él suspiró.

Ella sonrió ante el contacto.

Y al verlo, él también sonrió, su alegría renacida ante tal pequeño gesto. Y con un pequeño asentimiento, se acercó más al rostro de Akane, y se puso a hablar, con una voz extremadamente cautivadora y tranquila, muy bajo cerca de la oreja de ella.

“Ya es Año Nuevo, ¿verdad, Akane? El primero desde que partí. Tengo algo que decirte muy importante. No temas, no es ningún encargo ni nada por el estilo, tranquila. Sólo que no podía… no quería instalarme sin decirte esto, Akane.”

Y, aún con la boca cerca de la oreja de su amada, Ranma se puso a cantar, con toda la dulzura, el amor y la delicadeza que llevaba dentro de sí, con un piano, un acordeón y una percusión acompañándole por arte divina.

“Perdona que entre sin llamar,
no es ésta la hora y menos el lugar.
Tenía que contarte que en el cielo no se está tan mal.
Mañana ni te acordarás,
‘tan sólo fue un sueño’ te repetirás.
Y en forma de respuesta pasará una estrella fugaz.
Y cuando me marche estará mi vida en la Tierra en paz.

Yo sólo quería despedirme, darte un beso y verte una vez más…
Promete que serás feliz,
te ponías tan guapa al reír.

Y así, sólo así,
quiero recordarte.
Así, como antes,
así, adelante,
así, vida mía,
mejor será así.”

En ese momento hizo una pequeña pausa, en la que recordó como había sido su feliz vida estos últimos veinticinco años que había vivido casado con la mujer de sus sueños, unos años llenos de momentos que atesoraría hasta en el cielo, grabados en su memoria por el ilimitado poder del amor. Continuó.

“Ahora debes descansar,
deja que te arrope como años atrás.
¿Te acuerdas cuando entonces te cantaba antes de ir acostar?”

Y, alejando un poco su cabeza de la de ella, hizo exactamente eso, con una ternura sin límites, tal y como lo había hecho con ella muchas veces, y con sus hijos. Se acercó de nuevo a ella.

“Tan sólo me dejan venir
dentro de tus sueños para verte a ti.
Y es que aquella triste noche no te di ni un adiós al partir”

Así lo recordó en ese momento. Su partida había sido tan indolora como súbita. Y fue lo único que le quedó en pena al hombre. Esa fue su razón para estar en aquel lugar en ese momento. Despidiéndose de su Akane.

“Y cuando me marche estará mi vida en la tierra en paz.
Yo sólo quería despedirme, darte un beso y verte una vez más…
Promete que serás feliz,
te ponías tan guapa al reír.

Y así, sólo así,
quiero recordarte.
Así, como antes,
así, adelante,
así, vida mía,
ahora te toca a ti,
sólo a ti,
seguir nuestro viaje.
Se está haciendo tarde,
tendré que marcharme.
En unos segundos vas a despertar…

Y así, sólo así,
quiero recordarte.
Así, como antes,
así, adelante,
así, vida mía,
mejor será así.”

La música cesó suavemente, y Ranma siguió mirando unos instantes a su amada. La beso en la mejilla dulcemente, apenas rozándola con sus labios, y comenzó a brillar más intensamente. Mientras la luz de su interior iba haciéndose progresivamente más intensa, él dijo con una voz angelical y llena de alegría.

“Adiós Akane, y Feliz Año Nuevo.”

Cuando la luz desapareció, Akane se levantó algo sobresaltada. Levantó la vista hacía el trozo de cielo estrellado que se veía a través de su ventana abierta, y vio pasar una estrella fugaz. Sonrió como no lo había hecho en un año.

Su sonrisa irradiaba paz.

Y murmuró unas palabras que se oyeron en el cielo.

“De acuerdo, acepto. Adiós, y Feliz Año Nuevo, mi querido Ranma.”


De vuelta a Songfics.

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