Prólogo de “La carta”

Prólogo

La carta decía así:

“Seguramente esto os pille de sorpresa. Si habéis respetado las instrucciones, deberíais estar todos: Akane, Ryôga, Otou-san, Okaa-san, el Sr. Tendô, Nabiki, Kasumi, Ukyô, Shampoo, Mousse, Tatewaki, Kodachi, Dr. Tôfû, espero que tú también Akari, maestro Happôsai, matriarca Cologne… Así lo espero, pues tengo algo que deciros a todos. Lo primero supongo que es el porqué de esta carta. Es sencillo, Ryôga, Mousse y Tatewaki tenían razón: soy un cobarde. Jamás podría haberos dicho estas cosas cara a cara. Supongo que tan sólo Kasumi tendrá una ligera idea de que va esto. No la agobiéis con preguntas inútiles.

Esto no es fácil, quiero que lo sepáis, pero es necesario. Que leáis está carta significa que he decidido que he hecho suficiente daño a los que me rodean como para continuar por aquí, y que desaparecer será el mejor remedio. Supongo que mi desaparición no os causará mucho dolor, pues no parecía que a nadie le importase mucho realmente. Tal vez a ti, Akane, alguna vez si te importé, pero ese tiempo ya ha pasado, estoy casi seguro. Sin embargo, yo siempre he detestado hacer daño (verdadero daño) a las personas.

Espero que mi desaparición os anime un tiempo. Por ejemplo, Ryôga: ya no estoy ahí para arruinarte tus citas, así que alégrate. Ah, y ten por buen seguro que recibiré mi merecido allá donde voy. Puede que hasta muera y todo, otro motivo de alegría. Shampoo y mi querida matriarca amazona Cologne: Shampoo está libre de compromiso con Ranma, pues Ranma seguramente muerto cuando esta carta leas. Y Mousse, aprovecha todo lo que quieras ahora que yo no estoy. Sólo te pido que no me eches la culpa ahora también. Tatewaki y Kodachi, albricias. El abominable mago Saotome muerto seguro estará, al igual que la pequeña insolente del cabello rojo. Ya veis, uno muere, el otro también. Que más… maestro Happôsai, ya no estaré ahí para intentar inculcarle algo de moralidad cuando robe ropa interior, lo siento. Culpa mía, por supuesto. Y Akane, tal y como querías, no te molestaré más. Al fin te he hecho caso. Siento que no haya sido antes… La primera vez que me lo dijiste debí hacerte caso. Y Shampoo, ni se te ocurra tocarla ni un pelo, ni un centímetro cuadrado de su piel, porque sabré que lo has hecho, y eso no sería bueno para nadie.

Otra cosa más son las disculpas que van: a mi madre, que me habías perdonado y aceptado y te hago esto. Realmente que lo siento madre. A Genma y a Sôun, por no haber completado mí promesa. También a Sôun por utilizar su hospitalidad demasiado tiempo. A Kasumi, por robarle tanto de su tiempo libre escuchándome hablar. A Ukyô, y su puñalada trapera, gracias (no sé por que no te he puesto arriba. La costumbre, supongo.) A Ryôga, por mi error fatal cuando no sabía si era hijo o hija. Siento no estar alerta en todo momento. A Shampoo, por no saber las leyes más estúpidas y arcaicas que jamás han sido escritas. Gracias por ser tan cerrada. A Mousse, por defender mi vida cuando intentabas cortarme el cuello. Si no hubieras intentado destriparme, te hubiera dejado ganar, y te habría ayudado a ganar a Shampoo. Pero sólo aquella primera vez. Al Dr. Tôfû, pues nunca he pagado mis visitas a su clínica. Lo siento. A Nabiki, por no ser rico y haberla dado mi fortuna. Entiendo lo de “Corazón de Hielo”. Y a Akane, por no haberme marchado antes.

Por cierto Akari, hazme un favor, cuida de Ryôga. En realidad es un buen tipo, sólo tiene equivocadas algunas ideas y prioridades. Bueno, por si alguno de vosotros quiere saber lo que haré, ahí va: Voy lejos, muy lejos… donde ninguno de vosotros me encontréis, a pasar una prueba. Puede que no la pase. Si eso ocurre, moriré. Es lo más probable. Sin embargo, si la paso, podré empezar una nueva vida. Puede que en el proceso quede irreconocible, o que me quede siempre en forma de chica, o que no cambie en absoluto. No lo sé. Sí se que jamás nos volveremos a ver, así que, si queréis escucharme por una vez, hacedlo ahora: no me busquéis. Si me encontrase con alguno de vosotros, no se que podría hacer. A lo mejor entraría en el Neko-ken y os atacaría… por eso es mejor que no nos encontremos.

Ya estaré lejos. El lugar de la prueba está bien escondido y es de difícil acceso. Después, puede que renuncie a las artes marciales. Sí, habéis leído bien. Ranma Saotome renunciará a las artes marciales. Tampoco sé si renunciaré al nombre o no. Parece lo propio, ciertamente… No tengo mucho más que decir, se me están acabando las ideas… Ah, espero que esto se lea bien. Estuve haciendo ejercicios de caligrafía, y creo que sirvieron de algo, Kasumi.

Un par de cosas más. Nabiki, como puede que Akane te pida que me encuentres, aunque lo dudo seriamente, mediante tus “contactos”, te he ahorrado el trabajo. He borrado toda la información que habías recopilado sobre mi familia y todo lo referente a lo que voy a hacer, además de otras cosas más “mundanas”. ¡Oh, el tonto de Saotome sabía que tenías una base de datos sobre todos los que “la Reina de Hielo” ha tenido o tiene que cruzar palabra, e incluso ha podido borrarla! Las apariencias engañan, aunque no es tu caso. Eres tan fría como muestras. Si tienes una excelente memoria, tendrás alguna pista de mi paradero. Cologne, le ruego me haga un favor. Si alguno de entre los reunidos decide que prefiere olvidarme a recordarme, le pido en su honor y el mío que le ayude y le haga olvidar sobre mí con esa técnica tan increíble suya. Ahí queda eso.

Por último ya. Kasumi, si sigues con lo que dejamos… Bueno, es tu decisión. Y… enséñale a Akane lo que me enseñaste a mí, por favor.

Eso es todo. Por tanto, adiós.

Ranma Saotome.”

La caligrafía, como todos notaron, era la más perfecta que jamás habían visto, aunque estaba un poco distorsionada, como si le hubiera temblado la mano a su creador. Nadie dijo nada, demasiado ocupados en sus pensamientos. Nabiki fue la única que se movió. Corrió a su habitación, para comprobar si lo que él había dicho era cierto. Volvió poco después. Todos la miraron, y ella asintió con la cabeza, lo que hizo que todo el mundo se mirara a sus pies.

Esta carta era, como en ella se decía, inesperada. Si esto lo había sentido mucho tiempo, Ranma Saotome había mejorado una barbaridad en “ese tema sentimentalucho”, como lo solía llamar, ya que nadie hubiera podido adivinar que esta carta iba a llegar.

Ni siquiera Kunô había empezado una de sus aventuras verbales contra el “hechicero Saotome”, cosa extraña para los allí reunidos. Solo el murmullo del aire y el ocasional tintineo de la campanilla del salón interrumpían el sonoro silencio en el que se sumían esas personas, unos planeando, otros soñando, una última haciendo una resolución…


Al siguiente capítulo. O a La carta.

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