Let it snow (I)

Como un mosaico de recuerdos de distintos colores, la vida de Mousse, antes y después de Nerima, se desdibuja aquí a base de pequeños textos, de pequeñas escenas que encierran moralejas y lecciones vitales.

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Sucede a los 20 años y… algunos meses.



Let it snow (I)

No quería, pero iban a ser unas Navidades bastante incómodas.

Podía entenderlo. Había pasado demasiado poco tiempo desde que había llegado a la casa de los Tendô. Fueron tan amables como para acogerle en el mismo momento en el que les contó lo que había pasado.

Al menos, la parte de los Tendô se había mostrado acogedora. Los Saotome, por otro lado, dejaron muy claro que no les hacía ni pizca de gracia tenerle allí. Nodoka Saotome no veía con buenos ojos que otro chico de la misma edad de Akane viviese bajo el mismo techo, y más cuando los planes para la boda iban, poco a poco, calando en las mentes de los prometidos.

A Genma Saotome le pareció mal que su hijo no hiciera nada, y su hijo le mandó de un puñetazo al estanque. Y cuando Ranma insinuó que aquello podría ser una treta por su parte para conseguir algo, Akane le mandó de un puñetazo junto a su padre, ya oso panda.

Después de aquello, Nabiki y Kasumi le llevaron a una pequeña habitación del segundo piso. Más bien era una especie de cuarto de cosas viejas que, entre Kasumi y él, adecentaron esa misma tarde. No tardó mucho en ordenar y guardar las pocas cosas que tenía, y aquella misma noche durmió bajo un techo desconocido.

Al tiempo que ayudaba con las tareas de la casa, hacía distintos encargos por ahí para conseguir algo de dinero. Sólo guardaba una parte, pues unas semanas después de su llegada anunció que pagaría su estancia allí. Al contrario de lo que había pensado, eso no hizo sino aumentar la hostilidad de Genma y Ranma, aunque sí consiguió una tregua de Nodoka.

Así había estado unos meses, hasta que, en un giro sorprendente, Nabiki le ofreció un trabajo en la clínica del doctor Tôfû. De vuelta de un viaje de investigación, el quiropráctico de la familia le había comentado que no le vendría mal un ayudante para ayudarle con la clínica mientras él escribía los resultados de su investigación.

Desde entonces, al pasar tan poco tiempo en la casa Tendô, el ambiente parecía haber mejorado. Además, Ranma y Genma parecían estar enfrascados en algún tipo de proyecto que les obligaba a pasar semanas con el viejo trol de Happôsai quién sabe dónde.

El último de esos viajes había sido la semana anterior. Ranma había aparecido especialmente exhausto, y su mirada tan sólo se iluminaba cuando se posaba sobre su prometida. Parecía muy cansado, pero él tenía trabajo, y de todas maneras, no hubiera servido de nada que hubiera preguntado. Así que, no preguntó.

Y, de repente, era Navidad. Tôfû le dio el día libre para ayudar con las preparaciones de la cena en la casa Tendô. Lo que había empezado como una idea de Kasumi hacía unos años se había convertido en toda una nueva tradición. El karaoke, los juegos, el festín desproporcionado… No faltaba nada. La única diferencia era que, esta vez, tenía que ayudar de verdad, y no hacer el cafre con Ryôga o Kunô.

Estaba, de hecho, colgando espumillón del techo del dojo cuando Ranma entró sin decir palabra. Se quedó allí, mirándole como colgaba adornos, sin decir palabra. Y el ambiente fue enrareciéndose con cada minuto que pasaba. Su mirada en su espalda cada vez le incomodaba más y más. Y aún a sabiendas de que no debía, empezaba a pensar que la única manera de poder escapar de esa situación sería a través de una pelea.

—He estado planeando un proyecto —comenzó de repente el joven Saotome. Se dio la vuelta y se sentó precariamente sobre la escalera que le permitía alcanzar el techo para escucharle —. Es un proyecto… en el que llevamos trabajando unas semanas. Y… necesito algo de ayuda.

Se mantuvo en silencio. Ranma le estaba pidiendo ayuda. Con el proyecto por el que habían estado desapareciendo estas semanas. Supo al instante lo que debía decir.

—De acuerdo.

—Ahora mismo no pue… ¿Cómo?

—Que de acuerdo —repitió —. Sea lo que sea, te ayudaré. Es lo menos que puedo hacer.

Entonces, una especie de risa ahogada les llegó desde la puerta aún abierta del dojo.

—Maldita sea —dijo Ranma con una media sonrisa también —. Ven aquí, Akane.

Efectivamente, Akane apareció en el umbral de la puerta. Se acercó con evidente alegría.

—¡Ves! —exclamó —Te dije que ha cambiado.

Mousse mantuvo un respetuoso silencio. Ranma se giró hacia él y, aún medio sonriendo, asintió.

—Sí. Hará de buen instructor. Seguro.

Y con eso, aquellas fueron las mejores Navidades que había vivido en toda su vida.


N.A.: Las Navidades tienen varias caras. Una de ellas es la amable. Otras… no son tan placenteras.

Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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