El reencuentro y la noticia

Sucede a los 21 años y 10 meses.



El reencuentro y la noticia

Todo su pasado estaba a unos minutos de llegar.

Habían decidido encontrarse en un lugar un tanto irónico, ahora se daba cuenta. Sentado sobre una de las infinitas tapias de cemento que rodeaban las calles en su nuevo hogar, Mousse observaba sin mucha atención a la gente que entraba y salía del nuevo y remodelado Cat Café.

“Bueno, más bien del Utchan’s Café”, pensó al leer de nuevo el cartel. Siempre se sorprendía bastante al darse cuenta de lo que esa chica había conseguido en tan poco tiempo. Aunque no resultaba del todo extraño cuando uno se pasaba absolutamente todo el día trabajando y ni siquiera salía con sus, cada vez más escasos, amigos.

—Hola, yerno.

Giró hacia un lado y, efectivamente, su pasado se descubrió ante él. Pero su pasado, a pesar de que aún seguía encaramado a un palo y seguía tan encogido como siempre, había envejecido mucho más que unos dos años. Las arrugas de su cara estaban aún más marcadas si era posible. Su pelo había pasado de blanco a lacio, y los ojos parecían hundidos como los de una calavera y enmarcados en un pellejo áspero y seco. Era la imagen de la desesperación y la resignación.

—Cologne, estás…

—Ya lo sé, ya lo sé —le cortó con la mano, y pudo ver una cicatriz en su arrugada palma que iba de lado a lado. Ella también se fijó, y sonrió de esa manera pícara que le devolvió a aquella época en la que perseguía a su bisnieta. Sin embargo, había un deje triste que entonces no había tenido.

—¿Qué te trae por aquí? ¿Y por qué querías verme? —preguntó, cambiando de tema a sabiendas de que no iba a sacar nada de la anciana sobre su condición.

Ella rio un poco y se sentó en la tapia, frente a él.

—Lo que me trae hasta aquí no es otra cosa que tú —reveló aún sonriendo —. Te he estado buscando durante meses.

—¡¿Cómo?!

—¡Sí, no te sorprendas tanto, yerno! —exclamó, recuperando su viejo tono autoritario —Al principio te busqué por China; ¡jamás pensé que vendrías aquí!

—Después de un par de meses, llegué a la conclusión de que te habías marchado del continente, así que la conclusión lógica eran estas islas. Pero, como seguía creyendo que no podías haber venido aquí, te busqué por el resto de Japón. Y tras unas semanas, encontré a tú amigo, aquel que escapó contigo. Como se llamaba…

Él asintió, pero no dijo su nombre. Su amigo trabajaba ahora para gente que no quería que su nombre fuese conocido. Para que Cologne le hubiera encontrado, debía haber investigado muy a fondo, y haberle hecho preguntas a gente importante.

—… ¡Hay que ver, me hago vieja y ya no recuerdo los nombres!

—Sí, sé quién dices. Me imagino tu sorpresa al descubrir que no era yo.

—Más que sorpresa, fue alivio lo que sentí, yerno —confesó de nuevo con su sonrisa —. No quería ni imaginar verte trabajando con gente así.

—Y así llegamos a este momento —resumió él, recordando la carta que recibió una semana atrás, en la que la caligrafía algo arcaica pero laboriosamente detallada de Cologne le pedía en chino encontrarse con él en el lugar donde estaban ahora —. Lo que aún no has respondido, suegra, es el por qué de tan larga búsqueda.

Esperaba que utilizar su estatus familiar trajera una sonrisa más al rostro arrugado de Cologne; sin embargo, su expresión no hizo más que oscurecerse más.

—He venido a avisarte, yerno —dijo, y tensó todo el cuerpo, revelando por un momento a la antigua Cologne luchadora y peligrosa —. Tu mujer, mi bisnieta, ha perdido el control. En el momento que huiste, el camino hacia el Matriarcado quedó libre para ella. Y en ese camino, no se detiene ante nada.

Apenas podía creer lo que estaba escuchando. Shampoo se había convertido, poco a poco, en algo peor de lo que había dejado atrás. Una dictadora asesina a la que no le importaba si debía asesinar a su propia familia para ascender en el escalafón social. Y todo esto le llevaba a una terrible conclusión.

—¿Cómo has averiguado todo esto, Cologne? Esa cicatriz en tu mano…

—¡Ay, yerno…! —rio la mujer con tristeza —Digamos que tú no fuiste el último exiliado en tu propia casa.

—Quieres decir qué…

—No te preocupes —le cortó, de nuevo, con su mano marcada —. He puesto a salvo todo y todos los que me importan. De hecho, ésta era la última tarea pendiente en esa categoría.

De repente, le ofrecía una especie de tarjeta. La cogió y vio un número de teléfono. Debía ser uno de esos “teléfonos sin cables” que habían aparecido hacía poco, porque no reconocía el número ni de China ni de Japón.

—Todo esto es, en parte, culpa mía —empezó Cologne cuando aceptó la tarjeta —. Por eso, si alguna vez, Sylphé no lo quiera, ella o alguna de sus perras vienen a por ti, llama a este número. He montado un pequeño… algo, para proteger a los que me importan.

Ella se enderezó y se encaramó de nuevo a su bastón.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó mientras, él también, se ponía de pie —Estoy seguro de que los Tendô y los Saotome no tendrían problema en que te quedases. Apreciarían mucho tus enseñanzas en las artes del pueblo.

Recibió entonces un bastonazo para el que no estaba preparado, y sintió, como no había sentido en mucho tiempo, palpitar toda su cabeza por el golpe.

—¿Es que acaso no escuchas? —le reprendió con molestia fingida —Ya te he dicho que he sacado al resto de mis seres queridos de allí. Voy a ir con ellos y, mientras pueda, vendré a visitarte de vez en cuando.

—¡Hay que ver con la momia disecada! —exclamó con irritación también fingida —¡Sigue con los bastonazos como si nada!

—Y como la próxima vez que venga no detectes mi presencia antes de estar encima de ti, otro que te vas a llevar. Avisado quedas.

Después de eso, se despidieron, y ella le pidió que saludase a Ranma y a Akane de su parte. No sabía cuándo volvería a verla o si acaso era cierto que planeaba volver. No habían hablado sobre él, y eso le parecía bien.

Se guardó la tarjeta dentro de su túnica y deseó fervientemente que nunca tuviera que llamar. A diferencia de éste, aquel era un trozo de su pasado que nunca quería tener que recordar.

Con paso lento, se encaminó hacia el dojo Tendô. Tenía unos cuantos saludos que transmitir.


N.A.: Por si acaso había alguna duda, creo que este capítulo transmite una buena pista hacia algo que he tratado de conseguir al planear la historia subyacente a estas minihistorias: va a haber de todo. Hasta ahora, el punto de vista sentimental ha sido el más utilizado. Pero planeo que haya unas cuantas peleas. Al fin y al cabo, en la vida hay ciertos momentos en los que la única respuesta es la lucha, ya sea mental o física.

Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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