Odio

Inspirada por “Instrucciones para salvar el odio eternamente”, de Ismael Serrano. Con casi 25 años, Mousse descubre una de las recetas para el olvido.

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La fecha es 24 años y 8 meses.



Odio

Mentiras. Todo habían sido una enorme e inteligente sarta de mentiras. Y como un tonto, se las había creído todas.

¿En serio? Nunca habían ido en serio. ¿Qué no tenía derecho a ponerse así? ¡Él tenía a derecho a ponerse cómo le diese la gana! ¿Qué tipo de estupidez era esa de decirle cómo debía o no debía ponerse? Maldita embaucadora mentirosa… Tardó tantos días, tantas semanas en decidirse a levantar aquel auricular… ¡Y en qué hora lo hizo! Ahora no tenía nada, se sentía tan vacío…

Pero no, ¡no iba a dejar que ésa le hundiera en la miseria! No tenía ningún derecho a hacerlo. ¡Ella si que no tenía ningún derecho a hundirle de esa manera! Así que iba a remontar y a dejar detrás todo lo que había soñado. Todo lo de sí mismo que había invertido. ¡Y le daba absolutamente igual lo que dijese! ¡Ella no era nadie para decirle nada al fin y al cabo!

Podía preguntar si una transferencia a otra facultad era posible en medio del curso. Después de todo, le daba lo mismo estar en un sitio que en otro. Había dejado su casa atrás; dejar otra ya no le costaría mucho. Cualquier cosa con tal de no tener que compartir ni el aire con ella. La iba a odiar, y pretendía hacerla entender que el sentimiento no moriría nunca. Que tan sólo aumentaría con el paso del tiempo y la distancia.

Pero… ¡Pero no! ¡Él no tenía porque marcharse a ningún sitio! ¡Qué se fuera ella! Continuará paseándose por los pasillos, acudiendo a clase con total normalidad, como si nunca hubiera pasado nada. Y cuando se acercara a él, una expresión de asco se dibujaría en su cara. El odio ardería en sus ojos, recordándole siempre el daño que le había hecho. Las palabras serían cortas, frías, afiladas cuchillas de desprecio manejadas con el único propósito del sufrimiento.

Al final, aunque encontrase a otro, terminará huyendo de su odio eterno. Escapará con los ojos anegados de lágrimas, justo como él hizo, llena de desesperación. Y él triunfará. Seguirá en su sitio cuando ella se marche, y podrá disfrutar de nuevo de todo lo que ama de su nueva casa. Volverá a tener… control. Control sobre su vida.

No olvidará ese terrible momento, ese confuso momento en el que la sangre se le hizo veneno. No olvidará, y no dejará que ella lo olvide.

Así dispuesto, salió de su habitación. Se dirigió hacia su primera clase. Ella estaba esperando a la entrada de la facultad.

El momento de demostrarle lo que sentía había llegado. Ni las lágrimas que escapaban de sus ojos le detendrían.

—¡Mousse!

Ni su voz quebrada.

Ni… ¿sus heridas?

¿Qué?


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Autor: Mu-Tzu Saotome

Estudiante y escritor novel, manga aficionado y cazador de bromas al vuelo.

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