El día en la escuela (I)

Los estilos, de escritura, son cambiantes. La fecha es a los 8 años.


El día en la escuela (I)

El sol. El sol muy alto ya en el horizonte. Una atmósfera de aburrimiento extremo anuncia la inminente desaparición de los últimos rayos de interés en los alumnos de una mediana clase de pino y bambú. El profesor, sin embargo, no presta atención a los fútiles intentos de sus pupilos por conseguir de nuevo centrarse en las enseñanzas que les están siendo regaladas.

“Los escritores más importantes del siglo dieciocho fueron…”

Sin embargo, un joven parece totalmente ajeno al clima a su alrededor. Luce un pelo negro que le llega hasta los hombros y unas ropas muy normales. Una larga túnica blanca que le queda un poco grande, decorada con unos símbolos geométricos de colores. Sus ojos son aguamarina.

“Por otro lado, en el ámbito universal…”

Escribe sin parar a toda velocidad, memorizando cada palabra que escribe, síntesis genial del eterno discurso que el profesor deja escapar de su boca. Único ser activo en ese mar de quietud, su ajetreo no sorprende a ninguno de sus compañeros de alrededor.

“Además, el desarrollo del ensayo español…”

“Chhsst… Mu-Tzu”

Se yergue en busca de la voz que le ha hecho perderse en la parte más importante del tema, en parte molesto, en parte interesado. Cuando el pupitre justamente a la derecha entra en su campo de visión, observa sin mostrar mucho interés como su ocupante le saluda entusiasmado. Le dedica una sonrisa amable y vuelve a su trabajo.

“Este chico… Lleva desde el primer día así. ¿No podrá parar?”

Se pregunta algo molesto el chico llamado Mu-Tzu. Ese chico es, en realidad, familiar de una de las personas más importantes de la pequeña aldea cuasifeudal en la que vive. Sin embargo, y a pesar de que conoce los inventos y comodidades que en el mundo moderno se dan, no piensa ni imagina dejar su pequeño poblacho, pues en él tiene todo lo que pudiera desear.

“Jovellanos es el máximo…”

Su familia.

“¡Eh… Mu-Tzu!”

Sus amigos.

“¿Mu-Tzu?”

Su amor.

Una joven de cabellos lavanda, largos como los de una sirena, como los de un ángel, se vuelve en el pupitre justo delante de él para verle. Su cara muestra algo de confusión al oír el nombre de su amigo casi gritado en medio de clase, pero sobre todo muestra una belleza fuera de lo normal. Es algo que se irradia, que se siente, y Mu-Tzu puede notarlo perfectamente incluso a través de la pequeña maldición que le acompaña constante.

“Por otra parte, José Cadalso…”

“No es nada, Xian-Pu.”

De nacimiento, y agravada por la pobre iluminación proporcionada por las velas que sirven como única fuente de luz en el pueblo, su problema, su maldición, le prohíbe ver las cosas como cualquiera otra persona. Nadie era capaz de explicarse como una persona con un astigmatismo como el de Mu-Tzu podía no estar ciega. Por supuesto, unas gafas especiales fueron creadas para el chico, pero… eran totalmente ridículas. Y necesarias.

“Otro autor a destacar es…”

“Mejor no pensar…”

Se dice en un susurro. Así, sigue con sus apuntes hasta que, finalmente, el profesor mira como el reloj de arena ha marcado ya que el tiempo de la lección ha terminado. De esa manera, él, Xian-Pu y ‘ese chico insistente’ salen juntos, libros en mano, del mediano edificio que sirve de colegio con dirección a la plaza central del pueblo. La chica decide dar voz a una pregunta que la ha estado atormentado por un tiempo ya.

“Eh, Mu-Tzu ¿a qué vas a dedicarte cuando terminemos la Educación Básica Amazona?”

“No sé. ¿Y tú qué?”

“Yo seré una guerrera, por supuesto. Ya llevo entrenando mucho con la bisabuela, ya lo sabes. En realidad eres tú el único que es algo así como una incógnita.”

El chico piensa entonces, y asiente, reconociendo la verdad en esas palabras. Sin embargo, no está muy seguro sobre su futuro todavía.

“Supongo… supongo que tomaré El Camino de la Sabiduría. No creo que consiguiese nada bueno en El Camino del Guerrero con mis ojos. Seguramente…”

“Oh, bueno… aunque tal vez podrías probar con la escuela de las Armas Ocultas. Creo que te iría bien aún con tu… problema.”

“Tal vez, Xian-Pu… Tal vez…”

Poco después, ambos firmaban sus Formularios de Redirección en el edificio de la Matriarca, Ku-Lohn. Su bisabuela.

Su casa.


N.A: Si queréis saber porqué he puesto astigmatismo y no miopía, que es lo que casi siempre se pone, muy sencillo. Mousse no ve bien ni de lejos (mirad los capítulos de Taro) ni de cerca (en cualquier momento de la serie, prácticamente).

Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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