La espera

Bien, esta escena ocurre a los 26 años.


La espera

“Maldita sea.” Me quejo a nadie en particular. Las paredes blancas, las luces blancas, las batas blancas del personal. Todo es condenadamente aséptico e inhumano en un hospital, y no aguanto estos lugares. Me derrumbo en un asiento, y es jodidamente blanco. Blanco como la nieve, blanco como la nada.

Quiero tranquilizarme, y no puedo. No hay nadie que esté a mi lado, nadie a quién conozca. Pero así es mejor. Sólo estamos ella y yo. Pero ella está detrás de esa puerta, y está siendo operada. Y no me lo puedo creer. Me vuelvo a levantar, dispuesto a saltarme todas las normas y entrar, pero las palabras del doctor resuenan y no me atrevo.

‘La operación es delicada’, dijo. Pero saldrá bien, estoy seguro. Maldita sea, he dado mucho hasta aquí como para perderla de un plumazo. Pero sólo la ayudaré si me quedo aquí y espero. Odio esperar. Y es asqueroso. Y un buen tema para esperar.

Dios, es como si se alargara. Siempre te lleva la contraria. Cuanto más deprisa quieres que pase, más lento va. Y viceversa. Y me vuelvo a levantar. Soy incapaz de pensar quieto. A dar paseos. ¿Cuándo demonios van a terminar? Dijeron tres horas y ya llevan… ya llevan…

Miro el reloj. Dos horas y media. ¿Cómo es posible? Ah… como aquello que leí por ahí. ‘El tiempo, corriente inacabable de arena del desierto. Te mueves incesante a ritmo cambiante, y juegas con nosotros, riéndote, siempre fuera de nuestro alcance. De terribles poderes y gracia simplista, medicina de todos los males, compañero de viajes. Tú que no te fijas en cielos o infiernos, eternidad instantánea de gotas en el mar. Tú, tiempo, que te balanceas como un niño en el parque, indescifrable amigo que siempre está ahí, y nos arrastras sin remedio a nuestro destino. Nada te sobrevive, paz eterna, desde que existes hasta siempre.’

¿Quién es ese que va por ahí? Parece el doctor… No, no es. Maldita sea. Así es imposible. Ya hace seis años. Seis años desde que huí de Xian-Pu, de Ku-Lohn, del pueblo, de esas miradas, de esas tardes de verano tan frías… De todo. Y no me arrepiento. ¿Cómo me voy a arrepentir? Fue una pena, sin embargo, que aquel buen amigo me dejara.

El último recuerdo de una época. El último recuerdo bueno de una época que desearía borrar. Pero… algo bueno vino de todo aquello. Ella. Por la que espero aquí, en este lugar que tanto odio, en este lugar desagradable e inhumano. Por ella movería el mundo para acercarla a las estrellas. Ésa es mi vena romántica, si señor.

“Ehem… ¿Mousse?” Me doy la vuelta y veo al doctor. Miro el reloj. Dos horas y cincuenta minutos. Tendré que agradecérselo. “¿Está bien?” Bueno, supongo que los agradecimientos pueden esperar. No se le ve preocupado, supongo que todo está bien. “Sí, perfectamente. En verdad, venía a comunicarle que la operación ha salido aún mejor de lo esperado.”

Por fin paso esas malditas puertas blancas. Otro pasillo larguísimo, y ahora a la derecha. Paso una, dos, tres puertas… La 817, ésa es. “Seguramente estará durmiendo.” Asiento, y por fin, me deja entrar. No puedo dejar de sonreír cuando la veo ahí, tumbada, serena, como un ángel. Mi ángel.

Me acerco sin apartar la mirada de su cara. Ese pelo rubio, esos labios de fresa… Jamás podré olvidar su cara, sus gestos, su ser. Por fin, su mano entre las mías, y la siento caliente, llena de vida. Acerco una silla y, cuando me doy la vuelta, veo que abre los ojos. “¿Qué tal? ¿Ha dormido bien la bella doncella?” Me sonríe de esa manera tan especial que la hace única. Me sonríe a mí.

“Oh, genial, he dormido genial.” Me responde aún sonriendo, ahora los ojos esmeralda centrados en mí. Tienen un brillo especial, y estoy en las nubes. No puedo ni siquiera imaginar como viví tanto tiempo sin ella. “Te quiero.” Le digo sin tapujos, sin restricciones ni remordimientos. Es la verdad que llevo dentro que me forma por fuera.

“Y yo a ti.”

La espera ha terminado.


N.A: Próxima vez… ni idea. Esto es así. Comentarios bien recibidos. Un placer, y hasta pronto.

Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

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