Tú y Yo

La culpa de este fic la tiene la 7ª canción del disco de la Oreja de Van Gogh, “Lo que te conté mientras te hacías la dormida”, “Tú y yo”. La fecha en la que ocurre esto es a los 20 años.


Tú Y Yo

Mu-Tzu está sentado en el tejado de su casa, en el pueblo de donde viene él y su esposa, Xian-Pu, mirando las estrellas, pero pensando en como su vida ha ido de mal en peor desde que Ranma finalmente encontró la solución a sus problemas amorosos. Curioso, se dice, porque cuando por fin pensaba que todo lo tenía, es cuando empezó a perderlo todo.

Su vida con su esposa se había vuelto un infierno poco a poco. Su relación había avanzado serpenteando, tal como hace una serpiente. Y en ella también había habido veneno.

Después del shock inicial que le supuso a Xian-Pu darse cuenta que había sido rechazada, ella estuvo… extremadamente sensible por un tiempo. Nada de lo que Mu-Tzu intentara surtía ningún efecto positivo. Se la veía taciturna, ojerosa, y normalmente comenzaba a llorar en cuanto se mencionaba algo de su hogar o de matrimonio.

Sin embargo, y casi sin saber lo que pasaba, Xian-Pu y Mu-Tzu se casaron mediante Ku-Lohn, para salvar el honor de la primera. Tenía que volver con un marido, o algo así dijo Ku-Lohn cuando por fin se dio cuenta de lo que hizo una enojada Xian-Pu.

Así llegaron al pueblo de las Nujiezu, su casa. Hogar, dulce hogar. Un hogar que nunca les había fallado. Sin embargo, las miradas de mofa y burla no les pasaron desapercibidas, y pronto se limitaban a salir de su casa sólo para lo indispensable. Curioso como la gente que pensabas tu amiga pueda cambiar tan rápido su forma de ser hacía ti cuando ya no les eres útil.

Por otra parte, esta actitud del resto de las amazonas, junto con otros detalles, hicieron que Xian-Pu cambiara su actitud hacia su marido, habiendo empezado a comprender cosas que no mucho antes había malinterpretado o simplemente pasado por alto. Este cambio de actitud llegó a ser tan grande como para hacerles pensar que podrían llegar a ser felices al final, tanto como habían sufrido.

Pero, la realidad era otra. Y es que lo que había crecido en Xian-Pu no era amor, sino algo más que simpatía y algo menos que cariño. Jamás podría perdonarle haber arruinado su niñez y molestarla durante su juventud, y haberla obligado a casarse con él, tal y como ella lo veía. Mientras tanto, Mu-Tzu había aprendido por fin la verdadera naturaleza y carácter de su amada. Y es que, sin poder echarle la culpa a nadie más que a ella, la verdad se había ido instalando dolorosamente en él, haciendo que comprendiese por fin el amargo sabor que la realidad puede llegar a tener.

Así se encuentra ahora, intentando saber que hacer. Él nunca ha sido un chico falto de imaginativa para combatir sus problemas, pero ver que tu meta se convierte en tu foso es algo difícil de digerir. Realmente parece pensativo. No mueve su mirada de las estrellas ni a pesar de todos los ruidos que hay a su alrededor, los míos incluidos al intentar verle mejor.

Murmura algo: “Ni tú ni yo, salimos con vida de esta canción.” Se levanta. Claramente ha tomado una decisión, una decisión que cambiará su vida. Me señala, me pide que me acerque un poco, y así lo hago. Me susurra al oído unas palabras, y yo salto hacia atrás sorprendido por lo que acabo de oír. Él me sonríe débilmente con una gran pena instalándose en sus ojos aguamarina, bellísimos como pocos. Hago lo que me ha pedido, y entró en su casa. Por fin, encuentro a su mujer, que mira aburrida alrededor desde el sillón hasta que me ve. De un salto, la tengo justo delante.

Sin perder el tiempo, le digo la falsa noticia de la huida de su marido. Se relaja, y su largo cabello morado le cae por delante como una sedosa bufanda. La veo profundamente concentrada. Pasa un minuto en silencio, no me atrevo a respirar para no interrumpirla. Por fin, se despide de mí y sale de la casa, a pesar de que es noche cerrada. No cierra la puerta.

Decido salir y buscar a Mu-Tzu, pero en cuanto cruzo el umbral de la puerta, le tengo delante, como aparecido por magia. Nos disculpamos el uno al otro, y nos quedamos en silencio. Un silencio muy incómodo. Por fin, con la voz quebrada, dice que es hora de marcharse. Le abrazo de manera amistosa y le digo que seguro que encontrará a alguien. Me mira agradecido y salimos del pueblo, encaminándonos hacia el puerto, adentrándonos en el bosque, la noche rodeándonos, haciéndonos invisibles…

Decidimos que nuestro futuro está en Japón, y nos encaminamos con paso trémulo, avanzando poco a poco, pero avanzamos. Y es que la vida no es un camino de rosas, pero es el único lugar donde puedes encontrar rosas.

Vamos al futuro, porque allí siempre hay alguien.

Puede que al final, ambos salgamos con vida de esta canción.


N.A.:Si no han escuchado nunca la canción, les recomiendo que lo hagan a la de ya. Acaba más triste de lo que acaba este fic, pero sigue siendo muy buena. Todo el disco merece la pena.

De vuelta a una Vida en Momentos Congelados. O hacía el capítulo siguiente.

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