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Bienvenido al manantial

¿Puedes encontrar todos los temas de los que trata el blog?

42.

Realmente eso es todo lo que necesitas saber sobre este blog/portal. Bueno, es cierto que también es muy imporante saber donde está la toalla de uno en todo momento, pero incluso eso está incluido en lo anterior.

Aún así, por mínima cortesía (ganada al descubrir este rincón algo oscuro y seguro demasiado verboso de “las Internés”), no estará de más explicar un poco que podrás encontrarte aquí si decides permitir que tu puntero se ensañe como es debido con los links que descansan a los lados de estas líneas.

El manantial es mitad blog, mitad portal. Justo debajo de esta entrada tienes el blog. Hay un poco de todo, no hay nada pensado, y todo es en directo. Lo mismo hablo de cine, que de videojuegos (algo que terminará siendo habitual, creo), que de ciencia (un físico en curso es su servidor), que de libros o lo que sea. En serio, no hay un tema específico para esta sección, así que es de entrada libre.

La otra mitad, la que parece más un portal con sus páginas y sus secciones, es la raison d’être de todo este tinglado. Ahí van todos los escritos que han salido de mi desvariada mente. Hay fanfiction (con la explicación en su página para el que esté interesado) y hay material original. Todo cae bajo la licencia que se describe en la columna de la derecha, casi al final (aún así, el fanfiction se mueve por terrenos legales pantanosos en los que prefiero no ahogarme) que es Creative Commons.

En fin, ojalá que disfruten con lo que encuentren. Y si no, que al menos hayan perdido el tiempo a gusto.

Viejos recuerdos (IV)

Ocurre a los 26 años y medio.


Viejos recuerdos (IV)

Más vale que te pongas en paz con Sylphé, airen, aunque me temo que Sylphé no tiene ganas de escucharte.

—Será mejor que seas tú la que empiece a orar a Sylphé —con una mano temblorosa pero fuerte, agarró el mango de la espada y cerró los ojos.

—Si haces eso, te desangrarás hasta la muerte, airen —no había preocupación en el tono de Shampoo, tan sólo uno de constatación de lo obvio.

Con lentitud, casi con despreocupación, sacó la espada de su costado. En el mismo instante en que estuvo fuera del todo, se apretó la herida con su mano libre. Mientras Shampoo hacía un sonido de apreciación, sacó de entre sus ropas un cubo con agua.

—¡Atrás, Ranma! —gritó —No te acerques más.

—Pero…

—No pretenderás usar mi maldición, ¿verdad? —intervino Shampoo con un tono falsamente dulce —Esa es una muy mala estrategia si quieres ganar.

—No, no voy a convertirte en gata —respondió con una dolorosa sonrisa en el rostro. Por un momento, apartó la mano de su herida, y dejó que algo de sangre cayera en el cubo, mezclándose con el agua.

—Aquí acaba todo.

Con dolorosa rapidez, ganó la espalda de Shampoo. Recogió su pelo. Sacó un champú y un peine. Limpió el pelo lavanda de Shampoo y masajeó con maestría su cráneo. Y finalmente, lo deslavó con el agua mezclada con su sangre.

Cuando iba a secarle el pelo, sin embargo, recibió una patada en el estómago, y algo de sangre salió de su costado como si fuera una manguera. Salió despedido unos metros, durante los cuales volvió a apretar la herida con una mano, hasta que rodó por la hierba del patio hasta detenerse.

—¿Qué has hecho? —preguntó histérica Shampoo. El toque de locura había desaparecido, dejando paso a uno de rabia. Entonces se dio cuenta de que su pelo se había tornado en un violeta carmesí, y su rabia se multiplicó —¿¡Pero qué demonios has hecho!?

—¿Te gusta tu nuevo color? —preguntó con dificultad. Respirar se estaba convirtiendo en una pesadilla difícil de superar —Es para que recuerdes siempre lo que has hecho.

—¡Dime que le has hecho a mi cabeza! ¿Qué es esta presión en mi pecho? ¿Qué me está pasando? —gritó, y empezó a correr hacia él con ansias asesinas.

Sin embargo, Ranma le asestó una patada voladora por el lateral que no pudo prever, y quedó tendida en el suelo, convulsionándose entre el llanto y las arcadas.

—Tan sólo te he dado perspectiva sobre lo que has hecho estos años. He destruido todas las barreras mentales que te habías autoimpuesto. Ya no serás más ni un robot, ni una loca. Tendrás que hacer frente a todo lo que has hecho.

—¡Te odio!

—Yo también me odiaría.

Se levantó lentamente, y al instante tuvo a Ranma sujetándole de pie. Sonrío con gratitud. Él le miró con una mezcla de enfado y admiración.

—Sabría que funcionaría, ya está —la mirada pasó a ser una de enfado casi absoluto —. ¡Va, déjame! Lo sabía y punto.

Giró para observar a la caída Nujiezu un momento más.

—No quería pensar que había perdido hasta el último ápice de bondad. Todavía tenía que haber algo.

—¿Y ahora qué? —preguntó Ranma llevándoselo al baño.

—Un médico no me vendría mal…

—¡Ya lo sé! —respondió su amigo indignado —No me refería a eso.

—Pues ahora me dejas un teléfono y llamo —respondió sacando un papelito de entre su túnica. Había un móvil escrito.

Tan sólo la familia podía curar ciertas heridas.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

Violeta carmesí

Ocurre a los 26 años y 2 meses.


Violeta carmesí

Paso una hoja más, y una nueva fórmula se descubre ante mí.

La fórmula 517, una peligrosa mezcla de plantas venenosas y la piel machacada de un reptil de China. El resultado: la víctima sufrirá una colapso mortal la próxima vez que piense en algún tipo de desviación sexual.

“Pero quién define qué es una desviación sexual y qué no?” pienso con rabia contenida, cerrando el libro con fuerza. Miro a mí alrededor, y la forma dormida de Kaiko en la cama del hospital es lo único en lo que me fijo. Dos meses en este lugar odioso no le han quitado su energía, su fuerza al vivir.

Llevo días repasando las hojas amarillentas del macabro libro de recetas de champús que me dio Cologne. Hubo un tiempo en el que pensé que ninguna nueva crueldad de una Nujiezu podría sorprenderme. Sin embargo, estaba equivocado.

No hay fin para las barbaridades que esas mujeres han podido llegar a imaginar. Y lo peor es que han podido hacer reales todas esas horribles pesadillas. El control de la memoria no es sino una parte de las capacidades de manipulación del Xifa Xiang Gao.

—¿Qué estás haciendo aquí todavía? —me pregunta Kaiko enderezándose un poco en la cama —¿No tenías un trabajo que hacer?

—Estoy en ello —respondo con un susurro suave, y me levanto y dejo el libro en la silla, y me acerco a ella. Sonrío —, pero no creo que pase nada porque descanse un momento. ¿Te parece bien?

—Me parece perfecto —me lanzo a besarla. Necesito dejar atrás, aunque sea sólo por un momento, lo que he estado leyendo. Ella me responde con la misma necesidad. Por un momento, olvido todos mis problemas, y me siento completamente feliz.

Entonces, se acaba nuestro beso, y el mundo vuelve a montarse sobre mis hombros. Tomo su mano, porque no quiero romper el contacto todavía, y suspiro.

—¿Qué te pasa? —noto su tono de preocupación, y al momento me maldigo por haber esparcido mi miseria tanto últimamente —Llevas unos días que no haces más que suspirar y maldecir.

—Lo sé, lo sé… —¿qué hacer? ¿Debería decirle qué debo hacer, para lo que me estoy preparando? Es un secreto horrible, y pesa tanto guardarlo… —Yo… tengo una tarea que hacer. Una tarea que tiene que ver con las Nujiezu.

—¿De qué se trata? —pregunta incorporándose del todo en la cama. Ahora está tensa, justo lo que el médico dijo que no debía estar.

—Es complicado… y peligroso. Y seguramente sea desagradable también. No debería haberte dicho nada.

—¿Tiene que ver con Shampoo? —me mira con esos ojos suyos esmeralda, y por un momento parece que estamos conectados, que no puede apartar la mirada de sus ojos.

—Sí.

—Entonces, deberías prepararte lo mejor posible —ella tiene toda la convicción que a mí me falta. Definitivamente, la operación la ha cambiado.

—No sé cómo.

—Supongo que con ese libro que llevas hojeando casi una semana —lo señala, y una idea salta a la vida en mi mente. Busco al final del libro la última receta. La 953 es la última. Leo rápidamente las últimas tres. Ninguna me vale.

—Se me ha ocurrido algo. Di un número del cero al novecientos cincuenta.

Al principio no sabe qué decir. Pero entonces, con la mirada perdida y la voz lejana, me da un número y una explicación.

—El 817. Después de todo, para mí es el número de las segundas oportunidades.

Sonrío, y busco la receta correspondiente. Y al leerla, sonrío aún más, aunque no puedo decir que sea por alegría.

He encontrado lo que buscaba.


N.A.: Refiero a todo el que lea esto y no entienda lo del 817 al segundo capítulo. Y por cierto, el próximo capítulo, desenlace.

Extra WordPress: La receta 817 es una receta un tanto misteriosa que no se sabe muy bien como funciona. Se necesita sangre del atacante, algo de la tierra natal y un objeto que perteneció al atacante y al atacado. Además, los típicos extractos que forman un champú. Se mezcla todo menos la sangre, y se prepara. Entonces, la sangre se mezcla con el agua del aclarado. Se procede a masajear la cabeza de la forma típica, y luego se masajea un poco con el agua del aclarado. Los efectos son que el atacado, tendrá, de ahí en adelante, una parte del atacado. Una especie de vocecita en la cabeza que representa el punto de vista del atacante. Al atacado le quedan dos opciones: una, acepta y cambia, absorbiendo la parte del atacante y convirtiéndose en una persona nueva; o dos, termina volviéndose loco al querer expulsar una parte que ya es, a efectos prácticos, suya. Puede ser contraproducente si el atacado la usa para conocer mejor al atacante con motivos negativos. El nombre es: Rosas del pensamiento.


Al capítulo anterior. O a una Vida en Momentos Congelados. O al capítulo siguiente.

 

La rumba de la muerte

En la pesadilla, Ranma la busca. Sólo ella está en todos lados y en ningún sitio, y nada podrá detenerle cuando la busca. Aunque la rumba le acompañe.

Que el sol no se mueva no puede tener nada que ver con la sangre que cae de mis manos.

El cielo es de un color raro que no había visto nunca, y mis manos siguen goteando sangre. No importa. La marioneta que quería interponerse entre ella y yo ya no está. Sus hilos han sido cortados. Ya nunca más podrán juzgar sus ojos vacíos mis intenciones, pues siempre fueron puras y nada de lo que pueda decir me hará cambiar de opinión.

Sigo avanzando. La forma queda atrás, roja, amarilla y negra. Una tela amarilla con puntas negras intenta meterse bajo mi piel. La destrozo con mis manos de martillos. Imágenes extrañas que no reconozco gritan. Mi coleta se pone tiesa. Peligro e imágenes que no puedo descifrar me persiguen. Da igual. Sé que ella debe estar delante. Continuaré mi camino.

La sangre me devuelve memoria. Luces blanquecinas de hospital, y la sombra de Akane planeando por los pasillos, llamándome a través del silencio. Si hubiera habido tan solo un momento de indecisión no hubiera podido encontrarla más. Pero en cuanto escuché su voz, me puse en marcha.

Fue entonces cuando las imágenes de pesadilla empezaron a aparecer ante mis ojos desnudos. Cobarde. No pude mirar, escapé. Me zafé de las manos separadas de los cuerpos que brotaban del suelo e intentaban atraparme. La ventana fue mi aliada y escapé. Entonces el cielo se volvió estampado y cambió y volvió a un color que nunca había visto. El sol se movía entonces. Ahora ya no lo hace. Se saltó la realidad para quedar fijo.

Pero no pasa nada. Sigo avanzando.

Pasan minutos, horas, segundos. Avanzo y retrocedo. Ahora cientos de caballos sin cabeza cabalgan por las calles. Más parecen salchichas con patas que animales. Sus jinetes no son más que otras marionetas. Hago caso omiso de su mirada vacía. Salto, escapo. Un silbido agudo y lleno de sangre casi me alcanza. Me cubro y huyo. Pero siempre hacia adelante.

De repente, obtengo mi recompensa. Dos ruedas y un montón de hilos acompañan a mi amor. Akane se baja y cuando va a hablar, ya no es ella. Su cuerpo se contorsiona de forma imposible. Se vuelve, serpentea y perdió la cabeza. Salen extremidades, ropa, el color lavanda. El ser del abismo se acerca a mí. Su ataque es lento. Hay una especie de grito de fondo que se pierde entre los colores imposibles del suelo y el cielo. No me dejaré atrapar.

Una vez más, el rojo del líquido que me inunda las manos atrae como un imán mi pasado. No entiendo si acaso en algún momento tenía que salir del hospital o no. Antes del escape estaba tranquilo, sosegado, atormentado. Humedad en los ojos y los puños apretados. Cables y sonidos, medicamentos y médicos. Palabras quedas demasiado alejadas de la conciencia. Una imagen sobresalía por encima de las demás: la foto de Akane que tenía justo delante.

No pasa nada aún. Dos movimientos rápidos, y la cabeza de la farsa se desploma. No entiendo cómo se ríe después de muerta, pero no es importante. Creo haber distinguido la forma de ella contra el cielo estampado de flores que no dejan de dar vueltas. El momento es ideal y se pone a correr. En el horizonte, el cielo está en el suelo y el suelo en el cielo. La impaciencia me consume y jamás podrá llegar lo suficientemente pronto el momento en el que llega hasta la forma de su amada.

El silencio absoluto es absorbido por la falta de aire. Apenas quedan dos bocanadas de aire al aire libre. Y no puedo parar, es momento de hacer acopio de fuerzas y continuar adelante. Tal vez sea tan sólo un espejismo al final del camino, pero claramente me acerco a algo.

Por desgracia, cada vez son más las marionetas que salen a su encuentro. Akane las rodea. Se ríe. Él también puede. Pero corro pero no avanzo. Imágenes distorsionadas de lo que una vez fue tal vez una marioneta baila al ritmo de una rumba macabra de ojos rojos. Ahora es el momento en el que me deshago de esas imágenes para seguir avanzando.

Su sonrisa blanca como la nieve se vuelve y cambia de color y explota y nunca acabará para él…

Ataca. Sangre. Cuerpos caen. Memorias llegan.

La cama y el coma lo acompañaron. Luces, más blancas que nunca, en apenas unos días ha. Si volvió tan sólo pudo ser por la milagrosa intervención de ella. Cuando no tenía por qué luchar, tan sólo su imagen le empujó a seguir adelante. Las máquinas le mantuvieron vivo, las luces le hicieron abrir los ojos. Pero la fuerza para luchar tan sólo se la dio ella. En todas partes, en todos los sentidos, ella seguía siendo su razón para vivir.

De repente, tuvo claro su amor. Su vida, dedicada tan sólo a ella, a hacerla feliz. A que todo aquello no fuera en vano. A disfrutar de la vida que de manera gratuita se le había regalado en aquel momento. El momento no era más importante que el lugar. Simplemente necesitaba estar con ella. Y el pasado no cambiaría nada.

Los edificios tienden a volar y la Luna rebota entre los rascacielos pintados a borratajos que han aparecido a su alrededor. Es más difícil orientarse, pero las líneas de colores que recorren el lugar le llevaran a su destino. La imagen de Akane es enorme y nunca más se perderá. Corre.

Tras llegar antes de haber salido, imágenes obscenas descubren al fin a ella. Su uniforme escolar coincide, los colores cambian pero la sonrisa sin dientes siempre estuvo ahí. Cuando se acerca, ¡una vez más engañado! A pesar de todos los intentos, otra marioneta sin su rostro, ni el azul de su pelo ni los ojos abiertos, tan sólo mil manos y la incapacidad de poner de acuerdo su cabeza. Tal vez destruyendo uno más, sin oír ni ver.

Otra falsa marioneta cae, la sangre tiende a desaparecer cuando se amontona. Los recuerdos se completan.

Todo un héroe. Así le habrían llamado cuando saltó delante del camión que se dirigía a velocidad terminal hacia Akane. No había tiempo para preguntarse por qué un camión así transitaba a esas velocidades por una calle de Nerima. Tampoco el mejor curso de acción. Tan sólo tiempo para recibir el impacto y sobrevivir.

Pero, quiso algo que su espalda fuera contra pared, y entre las dos, Akane. Aun así, sobrevivir. Seguro que sobrevivir. Porque eso hacía siempre. Porque eso le indicaba la imagen que revoloteaba en su mente y en el vacío de las estrellas que caían en medio de la ciudad. Tan sólo más imágenes. Pesadillas incompletas de seres mitológicos aún por descubrir. Todo un ejército de marionetas con manzanas por cabezas le miran expectante.

No importa, porque ya está con Akane al haber borrado a todas las versiones falsas. Con un poco de suerte, nunca más la cara borrada le enseñará la verdad de las personas llama.

Ella tiene tantas posiciones. Se mueve tanto, es de tantos colores. Sabe resucitar y sonreírle. Porque siempre hará eso por él. Siempre viva, siempre en un mundo de locos poblado por todas sus alucinaciones y esperanzas y lo que nunca serán realidades al observar un cielo nublado que anuncia lluvia.

Nunca por siempre más.

Por siempre, silencio y sonreír de rojo.

El doctor Tôfû se quitó las gafas y se tapó la cara con las manos. Por mucho que quisiera olvidar lo que había visto, nunca nada en su vida borrará esas imágenes.

La masacre, la destrucción… Era difícil encontrar las palabras.

El primero en caer fue el joven Hibiki, su amigo. Tal vez si hubiera estado sobre aviso no hubiera ocurrido lo que ocurrió. Pero tan deprimido como estaba, tan apesumbrado por su amigo, jamás pudo reaccionar a tiempo. Seguramente lo último que pasó por su mente fue la preocupación por la mirada inyectada en sangre y desorbitada de su amigo.

Después, nada.

Un rato después se encontró con Shampoo. La joven ni siquiera pudo preocuparse más de diez segundos. Con ella fue implacable y cruel. Después de lo que hizo, aunque hubiera sobrevivido lo más seguro es que ni siquiera hubiera querido seguir viviendo. La destrucción de su cuerpo fue prácticamente completa.

Si al menos no hubiera ido buscándoles. Si hubiera tan sólo desvariado hasta el bosque o lo que fuera. Pero no, seguidamente se dirigió al Utchan’s. Mousse buscaba a Shampoo, Ukyô buscaba a Ryôga. Intentaron razonar, luego escapar. Pero no hubo manera. No tuvieron ninguna oportunidad.

Finalmente, por si no fuera suficiente para su familia, encontró a Nabiki. Al menos ella tuvo la presencia de espíritu para llamarle. Pero jamás. Jamás ese grito saldrá de su mente. Jamás el grito, el sonido. De cuajo, a través del pecho, con la impasibilidad infinita de su estado.

El grito… y silencio.

El sedante era para un elefante. La dosis, doble.

Nunca dejará de estar sedado.

El dictamen era claro. Psicosis inducida por la culpa. Creación de una realidad alternativa. Disociación de la humanidad.

Su dictamen es sencillo. Nunca sabrá lo que hizo. Siempre vivirá con ella allá donde su mente esté ahora.

Nunca sabrá que el único que despertó del coma fue él.

Que al intentar ser el héroe, se convirtió en el villano. Asesino sin querer de su prometida.

Asesino loco de sus amigos.

Y mientras lo destruía todo, seguramente atormentado por imágenes horribles, tan sólo una respuesta a las preguntas de los que asesinaba.

Silbando una rumba de muerte.

El enigma… en los píxeles

Tras ahogarme en el extraño mundo de Undertale, recuerdo otro RPG que me hizo pensar… y sentir.

Me he obsesionado un poquito.

Eso, como viene siendo habitual, es un poco ligero. En realidad, me he obsesionado pero a base de bien. Un juego, un RPG llamado Undertale ahora mismo me ha llenado la cabeza de ideas imposibles y reflexiones sobre lo que somos. Tan interesado estoy que no me he permitido ni jugarlo: ya he leído todo lo que se puede leer sobre el pequeño juego creado por un par de personas. Un ejemplo de perseverancia, de deconstrucción bien hecha y de planificación. Prácticamente todas las acciones que el jugador pueda llevar a cabo han sido exploradas con anterioridad por el creador y se han llenado de pistas y guiños a aquel que las explore.

Pero, eso no quiere decir que sea alegre. No, Undertale usa las ganas de explorar del jugador para expresar su mensaje. Y este mensaje es, sin lugar a dudas, agridulce. Porque el RPG es un género de lo más oscuro si se piensa bien. Las razones… Bueno, se lo dejo a quién quiera sentir esta experiencia. Y sí, uso sentir a propósito: la historia que se desarrolla tiene varias perspectivas. Desde la más “humana”, la más pegada a la tierra y “realista”, hasta la más alejada y universal, todas estas perspectivas o historias que se entrecruzan tejen un entrelazado tan potente y real que es muy difícil no ser absorbido por las vidas que ahí transcurren.

Sin embargo, no es sobre Undertale que quería hablar hoy. Es sobre el otro RPG que me vino a la mente cuando empecé a descubrir sobre qué iba Undertale: Terranigma.

Aquí he hablado, de pasada, algunas veces sobre Terranigma. Publicado en 1995 por Quintet bajo el paraguas de por la entonces Square-Enix, Terranigma fue uno de los primeros RPGs que llegaban a Europa traducidos. Por aquel entonces, eso no era para nada común debido a los enormes gastos que suponía, pero haciendo una fuerte apuesta por este título, Square-Enix decidió localizarlo (que así se llama el proceso de traducción y adecuación a distintos idiomas), haciendo las delicias de los fans europeos que no controlaban el inglés, además de popularizarlo más allá de lo usual.

Hace muchos, muchos años, después de la época de la SNES, pero antes de que Internet llegará a mi casa, mi hermano trajo un CD. En él, más de 300 juegos de la SNES. Entre ellos, como no, Terranigma. Claro, cuando sólo había un ordenador y era de mi hermano, poco podía hacer. Pero, cuando al fin yo también tuve ordenador, le pude dedicar el tiempo que quise (a grandes rasgos, todo el que tenía, vamos).

Entonces, ya un poco más mayor, pude entender en lo que me metía. En este juego empiezas en una aldea de lo más normalita. Árboles por aquí, gallinas, molinos, un riachuelo, el azul cristal… ¿Azul cristal? Sí, ese es el color del cielo, y hay que tener cuidado, porque según el Sabio de la aldea, es mágico. Tú, Ark, después de armar un buen revuelo en la aldea, eres retado por tus amigos a abrir de alguna manera la puerta que el Sabio siempre tiene cerrada. Como lo consigues, todos huyen, pero tú decides explorar el sótano que se abre. Al final encuentras una caja. Una caja extraña de la que salen voces. Y cuando la tocas…

Bueno, si sigo, puedo contar toda la historia. A partir de aquí hago importantes spoilers de la trama, pero como el juego tiene más de 20 años… No me parece que sea motivo de nada. El caso es que, al tocar la caja, un rayo de luz cubre toda la aldea, aparece un demonio amigo llamado Yomi, y todo el mundo, excepto el Sabio y tú, son convertidos en piedra. El Sabio te enseña entonces que has abierto la caja de Pandora, y es momento de romper el perfecto equilibrio entre Luz y Oscuridad que había reinado. Hay cinco torres a las que tienes que ir, y allí, vencer a un Brujo. Al hacerlo, el mundo de arriba comenzará a despertar.

Sí, no estás en cualquier mundo. Estás bajo la corteza del mundo, y lo que haces despertar son los continentes. Así, empieza tu aventura. Despertando al mundo, continuando con plantas y animales y, como no podía ser de otra manera, terminando con el despertar de los humanos. Tú, Ark, un chico travieso de Crysta, la aldea escondida, devuelves la vida al planeta y pones en marcha la evolución humana, e incluso ayudas a sus grandes inventores a alcanzar a través de la técnica.

Y es que, el enorme alcance del que hace gala este juego me dejó totalmente anonadado. Lo recorres todo, encuentras historias en los sitios más recónditos, y ayudas, si tienes suerte y no pasas sin querer un punto sin retorno sin hacer lo que tienes que hacer, a que la humanidad vaya avanzando a través de la tecnología y de su historia. Es, simplemente, algo que nadie se había atrevido a hacer antes en un RPG. Luchando, subiendo de nivel y guiando a la humanidad. Lo típico.

Por todo esto, y por la historia de amor imposible que se desarrolla al mismo tiempo, este cuento interactivo se agarró a mi cerebro durante mucho tiempo, invitándome a viajar a este mundo sin par cuando necesitaba volar. Porque, cuando derrotas al mismo Mal en el corazón del Mundo, transciendes tu forma corpórea, unificas las dos caras del Mundo y, al fin, adquieres una nueva forma. Un ave, que surca los cielos de ese mundo que has ayudado a construir, que viaja entre las máquinas que la humanidad ha creado con tu ayuda. Y cuando lo has visto todo, viajando durante estaciones con tus poderosas alas, llegas a un apartado bosque, a una casa que es aquella en la, hace mucho tiempo, vivías en el centro del Mundo. Allí te espera, como no podía ser de otra manera, Elle, tu amor. Y sin mostrarte si Ark ha vuelto a su forma humana, tan sólo se oye que llaman a la puerta, y Elle se levanta a abrir…

Con un final así, tan increíblemente poderoso, simbólico y precioso, poco queda sino guardar todo el viaje en el corazón. Este puede ser uno de esos grandes ejemplos en los que el viaje es tan bueno como el destino. Porque ambas cosas te hacen replantearte algo tan importante como tu lugar: ¿cuál es mi lugar en el mundo? ¿Cuál es mi lugar en la vida de las personas que amo? ¿Lo puedo cambiar? ¿Lo puedo mejorar? ¿Puedo hacer un mundo mejor? ¿Pueden hacerme mejor persona los que me aman?

Todas son preguntas tan profundas que a veces da un poco de vértigo planteárselas. Pero, para mí hoy, lo increíble es que un juego pudiera hacer que me planteara estas cosas, sobre todo cuando todavía no era ni mayor de edad.

Ahora, todas esas preguntas, toda la potencialidad que sentía entonces, la revivo al escuchar esta canción, la que he puesto al comenzar el post. Es el tema final, mientras aparecen los créditos y ese viaje del que he hablado va ocurriendo. Son de esos acordes que me calman, que me hacen recordar lo mejor, lo más bonito y lo más sereno que hay en mí o en el universo que conozco. Son la expresión de la aventura que llega a su justo fin, el cuento que cierra con su moraleja, aunque sea tan ambigua como una pregunta. Son, a grandes rasgos, otra manera de recordar mis momentos más queridos de la juventud. Cuando empecé a entender, a un nivel realmente emocional, la importancia de ser bueno hacia la humanidad.

Podría ahora lanzarme en una tangente sobre la fragilidad de la civilización, pero creo que en este texto ya hay suficiente existencialismo. Bastante he mostrado ya como para encima obligar a escuchar mi opinión sobre temas de actualidad. Eso mejor para twitter, que así todo sube y baja más rápido.

Lo único que me gustaría añadir es que oigan esa canción. Tal vez, obvien que es de un videojuego, si nunca han sido cosa de su agrado. Simplemente, dejen que el piano y la cuerda les hablen. Dejen que les cuenten su viaje, la travesía por las culturas, las historias y los sueños de todas las consciencias que participaron. Y busquen. Tal vez encuentren ese ave que yo oigo surcar entre las notas por el mar, las montañas y los campos. Tal vez la vean y, por un momento, puedan entender mejor porque esta música me hace mejor persona.

Y si lo hacen… Busquen su música. Yo estaría encantado de oírla.

Ojos que no ven, corazón que se sorprende

Un aviso sobre el rumbo del blog, y unas pocas palabras sobre esa sorprendente revelación que se está haciendo típica.

La de hoy será una entrada escrita en primera persona, sin muchas metáforas o recursos literarios varios. En parte porque debe servir como aviso de un pequeño cambio, y en parte porque quiero compartir algo que me ha pasado toda la vida, pero que recientemente ha vuelto a ocurrir.

El aviso no es más que, a partir del último sábado de este mes, los sábados se publicarán capítulos de mis fanfiction de Ranma 1/2. Hasta final de año, de hecho, porque tenía un montón de material guardado que tenía que subir aquí, así que hay meses y meses de capítulos que, semana a semana, se irán publicando. Por tanto, quedan avisados que los sábados se van a dedicar, a partir de mayo y hasta finales de año, a mis fanfiction de Ranma 1/2.

Sin embargo, dado que he estado casi dos meses subiendo entradas sobre, voy a llamarlas así, “mis cosas”, con la regularidad que quería, voy a intentar postear algo de ese estilo todos los miércoles. De tal manera que no pierda el ritmo que he cogido y simplemente cambiar de día las entradas más personales.

En resumen, los miércoles serán, a partir de mayo, los días de las entradas más personales, y los sábados serán para los capítulos de mis historias de Ranma 1/2. Aún así, les invito a leer dichos capítulos. En muchos de ellos no hago más que ponerme la piel de un personaje para expresar mis propios desasosiegos y alegrías.

Cambiando de tema, me gustaría plasmar aquí lo que vengo rumiando unos días, desde que una buena amiga del trabajo me confesó que había comenzado a visitar este blog.

Y es que, en los muchos años ya que llevo llenando hojas en blanco, ya sean físicas o electrónicas, con mis desvaríos, esta situación se ha dado varias veces. Cierto es que, últimamente, me siento mucho menos acongojado al confesar que llevo una de estas raras cosas que son los blogs. De hecho, empiezo a decirlo con cierto orgullo y con muchas ganas de que lo lean. En buena parte empecé esta aventurilla para que pudiera recibir algún tipo de comentario sobre lo que escribía.

Los comentarios que recibía en ff.net siempre habían sido, cuanto menos, poco críticos. A ver, siempre es muy agradable recibir los ánimos de una persona anónima que decía haber disfrutado de lo que había escrito. Pero hay algo distinto al hablar cara a cara con alguien que ha leído lo que has escrito. Es mucho más rápido, directo y natural, y puedo extraer mucha más información en mucho menos tiempo. No es que escriba para la que le guste a la gente, pero me gusta saber porque a la gente le ha gustado algo o, más importante, porque no le ha gustado.

Volviendo al tema, siento que estas sorpresas que se lleva a la gente al leer lo que aquí expreso no hacen sino dar fuerza a una sensación que me ha acompañado durante toda la vida: no termino de ser yo mismo ahí fuera. Tal vez sea la razón por la que me gusta estar, en cierta manera, aislado. Tal vez no sea más que una capacidad de actuar y de hacer teatro que nunca he desarrollado, y que ha encontrado otros derroteros. O, tal vez, no sean más que las secuelas de un niño un poco miedica que quiso encajar después de que sus amigos de toda la vida le dieran la espalda. Pero la cuestión es sencilla, y es que lo que ve la gente no encaja con lo que luego descubren.

Aunque claro, una parte de mi mente me sugiere otra idea: ¿no será, tal vez, que estamos tan acostumbrados a juzgar a los libros por su tapa que luego, cuando se abren, nos sorprendemos? Quiero decir, que no sólo es que sea más fácil catalogar a la gente con un par de etiquetas y seguir adelante (entre los 20 y los 30 conocemos a la mayor parte de las personas con las que vamos a coincidir en nuestra vida). Y es muy fácil hacer eso. Pero es que además parece que hemos evolucionado para hacer exactamente eso. Al fin y al cabo, el cerebro se forma una idea de la personas que tiene delante en apenas unos segundos. Estamos hechos, en cierta parte para eso.

Por suerte o por desgracia, en cierta manera hemos sobrepasado eso. Como bien decía Carl Sagan, ya no estamos sujetos sólo a los instintos o necesidades. Desde que tenemos consciencia somos capaces de sobreponernos a los mecanismos simplemente evolutivos y podemos usar el razonamiento.

Por eso, tal vez, siento que sería ideal si estás sorpresas fueran menos comunes. Una pequeña parte de mí piensa que eso debería significar que vamos dejando atrás los instintos menos justos en la sociedad en la que vivimos ahora.

O tal vez simplemente soy un tipo de lo más extraño, que también es posible. Polifacético, variado o multi… Raro, vamos. Raro como un perro verde.

A mí eso me divierte.